El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez
Es un secreto a voces que los aspirantes a las presidencias municipales harán cuanta trampa les sea posible en su intento desesperado por colarse a las boletas, sin importar las siglas que defiendan. La simulación arranca desde el momento en que se lanzan de forma anticipada a las calles con campañas disfrazadas, evidencian un total desprecio y nulo respeto por las autoridades electorales.
Ponen la lupa sobre el partido oficial, ya se anuncia con insistencia que al menos tres secretarios abandonarán la comodidad del gabinete estatal para buscar alcaldías. Más no nos engañemos: no serán los únicos. Detrás de ellos viene una larga fila de subsecretarios y directores generales dispuestos a apuntarse en las listas de Morena.
El discurso del partido puede presumir las mejores intenciones morales, pero tras el nombramiento del senador Adán Augusto López como operador clave de las estructuras territoriales, nadie con un mínimo de sensatez espera un proceso limpio u honesto. El «dopaje político» está cantado.
Esta danza de ambiciones nos hace recordar lo sucedido hace unos meses en Ciudad Victoria; en ese entonces, la grilla contra el alcalde Eduardo Gattás Báez estaba a todo lo que daba, operaban lo que consideraban una estrategia implacable para desbancar al edil y asfixiar su administración mediante el control de los regidores en el Cabildo.
En un espectáculo de cinismo puro, morenistas, priistas y panistas se alinearon a las consignas provenientes de Palacio de Gobierno, lo peor es que ni siquiera necesitaron que se los pidieran formalmente; lo hicieron por el puro placer de boicotear a Gattás e impedirle conformar su equipo de colaboradores, algunos recibieron promesas incumplidas.
Cuando el alcalde victorense intentó presentar sus propuestas para integrar el gabinete municipal, los regidores ni siquiera se molestaron en leer los perfiles; no les importaban las capacidades técnicas de los candidatos, sino el agandalle de posiciones clave en áreas como el DIF, Seduma y Sebien.
En ese asalto presupuestal destacaron dos personajes: el entonces subsecretario de Gobierno, Rómulo Pérez Sánchez, y el actual secretario del Trabajo, Luis Gerardo Illoldi Reyes. Ambos hicieron valer su cercanía con el poder superior para imponer a sus recomendados en las mesas de negociación ante un alcalde que terminó cediendo espacios con tal de destrabar la parálisis municipal y lograr la aprobación del Cabildo.
Si a nivel federal el Comité Ejecutivo Nacional de Morena seleccionó a Adán Augusto para el manejo de las candidaturas, en Tamaulipas una de las voces que volverá a ser escuchada para operar el «colador» interno es, precisamente, la de aquel que mal utilizó su poder para maniatar la administración de la capital.
Rómulo Pérez Sánchez, en su papel de presidente del Consejo Estatal de Morena, ya se frota las manos para intervenir en el reparto de las coordinaciones federales y municipales rumbo al proceso electoral. Por supuesto, el dirigente se apresura a lavarse las manos ante los medios; asegura con vehemencia que la selección final estará blindada y bajo la estricta tutela de la Comisión Nacional de Elecciones. Con una retórica que raya en la comedia, jura que se evitarán a toda costa las decisiones basadas en amiguismos, compadrazgos o acuerdos personales.
Por lo pronto, Pérez Sánchez hace un llamado a la calma ante la epidemia de suspirantes que brotan por todo Tamaulipas, exigiéndoles priorizar el proyecto de la transformación sobre las ambiciones individuales. La nueva promesa oficial es que la primera convocatoria —la federal— verá la luz a finales de septiembre de 2026, mientras que las municipales llegarán con quince días de desfase.
Presumen que revisarán minuciosamente cada expediente para determinar quiénes pasan el filtro para las alcaldías y diputaciones locales. “No podemos nombrar a nuestro compadre o a nuestro mejor amigo en un puesto de elección popular si no cuenta con los requisitos básicos”, sostiene con fingida seriedad.
El gran detalle que a Rómulo se le olvida mencionar es que él mismo es funcionario y un abierto aspirante a una diputación o la alcaldía, además de ser amigo cercano de los mismos secretarios que están por saltar del gabinete estatal.
Bajo esa lógica de complicidades, resulta imposible creer en su imparcialidad, es obvio que guardaría silencio absoluto ante cualquier queja por enriquecimiento inexplicable o corrupción de sus allegados. Si en las oficinas principales de Palacio prefieren ignorar esas manchas en los expedientes, ¿quién es él para andarlas recordando?
Sin embargo, harían bien en no pecar de soberbios. Aquellos hombres y mujeres con estructura real que sean ignorados y olvidados en las listas definitivas de Morena no se van a quedar de brazos cruzados. Se convertirán en los elementos más peligrosos para el partido en el poder, operando desde las sombras como el factor definitivo para una dolorosa fractura vertebral en las urnas.
Por cierto, mientras la grilla arde, en el ámbito académico la vida sigue: la UAT de la mano del rector Dámaso Anaya impulsó el talento estudiantil con el Foro de Innovación y Emprendimiento 2026, reuniendo proyectos universitarios en el Gimnasio Multidisciplinario de Victoria. Una bocanada de aire fresco ante tanta podredumbre política.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
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