CRÓNICAS DEL DESCARO:

Por: José Gregorio Aguilar

Septiembre 04, 2026

Hace unos días escribí en este mismo espacio sobre el diputado Francisco Sánchez Martínez, de Chihuahua, que se convirtió en la voz de MC contra la llamada Ley Espía. Mientras él organizaba amparos y pedía consulta popular, aquí en Tamaulipas los de color  naranja haciendo más ruido por su silencio sepulcral y/o por estar más preocupados por no perderse la foto del pastel oficial.

Pensé que era un hecho aislado. Me equivoqué. Es un patrón.

Ahora el ejemplo viene de Sonora. El martes pasado, Luis Donaldo Colosio Riojas subió a tribuna en el Senado con motivo del Segundo Informe de la presidenta Claudia Sheinbaum y soltó un discurso que caló hondo en Palacio: dijo que nunca en la historia moderna un proyecto político había concentrado tanto poder —la Presidencia, 23 gubernaturas, mayorías calificadas en el Congreso, y ahora también el Poder Judicial— y aun así, los resultados siguen sin llegar a la calle.

La respuesta del oficialismo no vino de la vocería de Morena, vino de un gobernador. Alfonso Durazo Montaño, gobernador de Sonora y presidente del Consejo Nacional morenista, publicó un mensaje en X que parecía más regaño de tío que postura institucional. Que Colosio «tiene mucho futuro, pero este no le ha llegado», que «tiene mucho por aprender y mucho más por madurar», que la retórica no supera a la experiencia.

El hijo del hombre que Durazo acompañó como secretario particular, Luis Donaldo Colosio Murrieta, ahora regañado en público por el propio Durazo. La política mexicana en su máxima expresión.

Colosio no se enganchó. Respondió en tres líneas que deberían enmarcarse: «Yo no voy a caer en provocaciones. Alfonso es mi amigo y mi aprecio sigue intacto. Sonora necesita toda su atención; de mi futuro me ocupo yo».

Hasta ahí, el round nacional. Pero lo relevante es lo que siguió: la dirigencia nacional de Movimiento Ciudadano sí salió a defender a los suyos. Jorge Álvarez Máynez calificó lo de Durazo como inmoral e ilegal, y Juan Zavala metió una queja formal ante el INE por uso indebido de recursos públicos y violación a la imparcialidad. Es decir, cuando quieren, sí saben ser oposición. Sí saben pelear.

¿Y en Tamaulipas qué?

Aquí es donde la crítica de Bruno Díaz Lara, presidente del PRI Tamaulipas, cobra vigencia total. Bruno lo ha dicho en varias entrevistas: no ha visto una sola crítica de MC al gobierno estatal o federal. En los cabildos, como el de Victoria, no cuestionan, no debaten, solo levantan la mano cuando les conviene. Y tiene razón.

Porque mientras en Chihuahua y en Sonora MC se sube al ring, se pelea con el gobernador, denuncia ante el INE y hace ruido nacional, en Tamaulipas el MC parece tener como estrategia el perfil bajo. Muy bajo. Tan bajo que se confunde con el suelo.

No es falta de capacidad, es falta de voluntad. No quieren incomodar. Prefieren ser oposición de lejos, de esa que es muy valiente en Chihuahua y en Sonora, pero que en Tamaulipas se vuelve dócil, sonriente y bien portada.

Y ese es el problema de fondo. La oposición que solo ejerce a mil kilómetros de distancia no es oposición, es coartada. Es el partido que grita en el norte para guardar silencio en el noreste.

Si en Sonora MC ya entendió que para ganar en 2027 tiene que confrontar a Morena, en Tamaulipas parece haber entendido lo contrario: que para sobrevivir, mejor no confrontar a nadie.

Al final, la política no perdona. La gente sí se da cuenta quién da la pelea y quién solo pide permiso para estar en la foto. Y si MC Tamaulipas sigue en esa ruta, terminará siendo lo que Bruno Díaz ya advirtió: no oposición, sino público invitado