Por La Libre
Por Edelmira Cerecedo Garcìa.
Hay temas que los políticos descubren cuando se acercan las elecciones y otros que, si se saben trabajar, pueden convertirse en una verdadera estrategia de gobierno. La educación pertenece a los segundos.
Y Américo Villarreal parece haberlo entendido.
Mientras algunos todavía creen que una escuela solamente sirve para que los niños vayan a clases, la política sabe que ahí también se construye confianza. Una beca, un uniforme, una mochila o una escuela nueva llegan a lugares donde muchos discursos jamás entran: la economía de las familias.
Por eso el arranque del ciclo escolar 2026-2027 en Soto la Marina tiene más fondo del que aparenta. Américo llegó a inaugurar la primaria “Capitán de Navío Blas Godínez Brito”, pero también llegó con una cifra que políticamente pesa: más de 354 millones de pesos en apoyos para más de 606 mil estudiantes de educación básica.
Y aquí es donde conviene poner el café sobre la mesa y hablar claro.
Una familia no hace cuentas políticas cuando recibe útiles escolares. Hace cuentas domésticas. Sabe que ese dinero que no gastó en una mochila o en un uniforme puede servir para otra cosa.
Ahí está el valor de la política social.
No necesita demasiada explicación.
Se siente.
Los 43 municipios
Y luego está el otro asunto: el territorio.
Américo ha convertido la presencia en los 43 municipios en una característica de su administración. La ruta por los informes municipales no es solamente una agenda institucional.
También es política.
Porque acompañar a alcaldes y alcaldesas, aparecer en sus municipios y escuchar sus problemas mantiene una relación que cualquier gobernador necesita.
Y aquí viene la parte que algunos prefieren no decir en voz alta: en política, estar presente siempre ayuda.
Los alcaldes necesitan al gobernador.
El gobernador necesita a los alcaldes.
Y todos necesitan que la gente los vea trabajando.
Si Américo completa el recorrido por los 43 ayuntamientos, habrá conseguido algo más que una agenda saturada: habrá construido una fotografía territorial de su gobierno.
No es poca cosa.
Tamaulipas no se gobierna solamente desde Ciudad Victoria.
Se gobierna desde Nuevo Laredo hasta Tampico, desde Reynosa hasta Soto la Marina, y desde cada municipio pequeño donde también hay problemas, familias y votos.
Sí, votos.
Porque tampoco vamos a descubrir ahora que la política no tiene memoria electoral.
La Universidad entra al juego
Pero aquí viene lo interesante.
La educación no puede quedarse en útiles, uniformes y primaria.
El verdadero desafío es qué pasa después.
Y ahí aparece la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
Siete proyectos de la UAT fueron aprobados por el COTACYT dentro del Programa de Incubación de Empresas de Base Tecnológica. En todo el estado fueron autorizados once.
Siete de once.
Ese dato merece atención.
Porque ya no estamos hablando solamente de estudiantes que cumplen con una materia o presentan una tesis.
Estamos hablando de jóvenes que están desarrollando tecnología para agricultura, agua, ganadería, comercio, servicios e inteligencia artificial.
Hasta el mezcal tamaulipeco tiene su proyecto tecnológico.
Eso ya cambia la conversación.
Una universidad que genera tecnología puede generar empresas.
Las empresas generan empleos.
Y los empleos pueden evitar que nuestros jóvenes tengan que irse a buscar futuro a otro estado.
Ahí está el verdadero desafío.
Dámaso tiene tarea
La rectoría de Dámaso Anaya Alvarado está empujando a la UAT hacia la investigación aplicada, la innovación y el emprendimiento.
Y eso es justamente lo que Tamaulipas necesita.
Porque de nada sirve presumir que tenemos miles de universitarios si al terminar una carrera el único proyecto disponible es hacer maletas.
La universidad debe ser parte del desarrollo económico.
Y aquí hay una oportunidad interesante para hacer equipo con el Gobierno del Estado.
Américo puede poner las condiciones.
La UAT puede poner el conocimiento.
Los estudiantes pueden poner el talento.
Y el sector productivo tendría que poner las oportunidades.
Si esas cuatro piezas se acomodan, entonces sí estaremos hablando de una política educativa con visión de futuro.
La jugada es más grande
Por eso la educación puede convertirse en una estrategia de poder.
No porque una mochila compre votos.
Eso sería demasiado simplista.
Sino porque un gobierno que logra conectar escuela, beca, universidad, investigación y empleo puede construir algo mucho más poderoso: una relación de largo plazo con una generación.
El niño que hoy recibe útiles será mañana un joven universitario.
Y ese joven puede terminar desarrollando una empresa, trabajando en una institución o generando conocimiento para Tamaulipas.
Ahí está la verdadera apuesta.
Américo está jugando en el terreno social, pero también en el político.
Recorre los 43 municipios, acompaña a los alcaldes, entrega apoyos y coloca la educación como uno de los principales escaparates de su gobierno.
Mientras tanto, la UAT intenta dar el siguiente paso: convertir estudiantes en investigadores, emprendedores y generadores de tecnología.
Y eso, señoras y señores, ya no es solamente una política educativa.
Es una apuesta por el futuro político, económico y social de Tamaulipas.
Porque las elecciones llegan y se van.
Los gobiernos terminan.
Pero las generaciones que se forman bajo una administración pueden convertirse en su mejor legado.
Y también, para qué nos hacemos…
En su mejor capital político…..Se los dejo de Tarea.