El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez

La sangrienta contienda por la alcaldía de Ciudad Victoria comienza a fracturar las estructuras más íntimas de los partidos políticos. La silla del 17 Hidalgo posee un encanto hipnótico tan poderoso que pocos —muy pocos— logran escapar al delirio de ocuparla, sin importar el costo político, ético o financiero.

Hace apenas unos días, uno de los tantos aspirantes revelaba con total soltura que el costo real de una campaña ganadora a la presidencia municipal capitalina ronda, por lo menos, los 60 millones de pesos. El pequeño chiste es que el tope oficial de gastos de campaña establecido por la ley electoral está infinitamente por debajo de esa millonaria cifra. Lo escandaloso es que, a estas alturas del partido, algunos de los personajes que juegan a la precampaña ya se habrán gastado al menos dos docenas de millones de pesos.

Hagamos números: ¿cuánto le cuesta al empresario de la limpieza, Jorge “Tico” García, mantener encendida su pesada maquinaria publicitaria por toda la ciudad? Tan solo en espectaculares panorámicos se calcula un gasto de alrededor de 400 mil pesos mensuales, más el costo operativo de la movilización en las colonias, donde los billetes fluyen para algo más que rellenar tanques de gasolina.

Otro de los contendientes, Juan José Salazar, ya quemó una cantidad impresionante de recursos en su particular pasarela: desde la pinta compulsiva de bardas y el activismo de gestión social, hasta el reparto de tinacos, materiales de construcción, latas de pintura y sillas de ruedas para las familias necesitadas. Todo sea por el voto.

Este frenesí por alcanzar la joya de la corona municipal provoca una severa desestabilización al interior de Morena, donde el mito del «piso parejo» es una burla diaria. Es evidente la predilección que emana desde el tercer piso de Palacio por ciertos perfiles bendecidos por el calor oficial. Nadie puede ocultar ya la necedad de imponer como candidato al secretario del Trabajo, Luis Gerardo Illoldi Reyes, mientras otro sector de la nomenclatura apoya firmemente las aspiraciones de la diputada Katalyna Méndez Cepeda.

Esta última legisladora despierta una serie de emociones que rozan los celos y la envidia entre sus propios compañeros de partido —que no son amigos ni aliados—, lo que desata una andanada de ataques en redes sociales plagados de una misoginia política que en nada abona a la cacareada unidad.

En el caso de Illoldi Reyes, el manto de protección gubernamental es tan descarado que, en cualquier otra administración, ya le habrían exigido la renuncia hace meses. ¿Los motivos? Una jugosa colección de denuncias penales en su contra que incluye presunto enriquecimiento ilícito, venta de plazas y el auténtico chiquero en el que convirtió las Juntas de Conciliación y Arbitraje.

Hace unas horas, el secretario del Ayuntamiento, Hugo Reséndez Silva, soltó una verdad incómoda en una entrevista al advertir que el peor enemigo de Morena duerme en su misma cama, sentenciando que sin unidad real será sumamente complejo rescatar un buen resultado en las urnas. Reséndez se mantiene firme en la carrera por la alcaldía, aunque astutamente dejó la puerta abierta para ser el abanderado a una diputación si las alturas cambian el libreto.

Sin embargo, el verdadero peligro para el partido guinda es que varios de los aspirantes de peso completo no van a tolerar un dedazo disfrazado desde el Palacio de Gobierno, y menos para favorecer a un candidato que carece de una trayectoria honesta e intachable, cargando con un expediente judicial sumamente manoseado como el de Illoldi.

Sobre todo cuando existe una advertencia con tono de ultimátum por parte del diputado federal Pepe Braña Mojica, quien ya dejó en claro que no aceptará negociaciones de consolación: a él solo le interesa la alcaldía, y más cuando la mayoría de las encuestas lo ubican en la cima de las preferencias ciudadanas. En las aguas de Morena no hay unidad; lo que hay son tiburones que ya olieron la sangre.

El mismo escenario de canibalismo se respira en el partido naranja, donde Juan José Salazar ya tiene un pie fuera tras su sólida precampaña. Al parecer, la franquicia emecista pretendía venderle la candidatura a un precio insultantemente alto, exigiéndole además una sumisión absoluta hacia el cacique Gustavo Adolfo Cárdenas Gutiérrez —quien, para más señas, opera como cuadro externo de Morena—. Ya se sabe que en Movimiento Ciudadano todo tiene código de barras.

Por ello, Salazar parece estar mudando sus canicas hacia las filas del PAN como candidato ciudadano, hace mancuerna con el propio «Tico» García, quien también había dejado a Morena. La pregunta en el aire es cómo se van a acomodar en la boleta. Aunque cualquiera podría encabezar la fórmula, todo indica que le darán la bendición a «Tico» García para la alcaldía, mientras que JuanJo Salazar buscaría la diputación federal.

En Ciudad Victoria, la pasión por la alcaldía es un veneno que nubla la razón y acelera la desintegración de los partidos, los divorcios a la orden del día.

Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…

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