La Comuna

José Ángel Solorio Martínez

La gira de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo por Tamaulipas, evidenció un escenario aterrador: el colapso de las instituciones responsables de administrar y procurar justicia en la región. En Matamoros, la sociedad harta de tortuguismos y mal funcionamiento de fiscalías y jueces, por el caso del doble crimen contra las mellizas, abordó a la mandataria visiblemente irritada; en Reynosa, menudearon las denuncias por la falta de atención del aparato justiciero; y en Tampico, se desbordaron los ánimos por el caso del asesinato de la estudiante de la academia militarizada.
¿Qué está pasando?
¿Impunidad?
¿Ineficiencia?
El cualquier caso, la conducta es del todo reprobable.
¿Qué hace el fiscal Eduardo Govea Orozco?
Nada.
Ya es tiempo de que el gobernador Américo Villarreal Anaya, de un manotazo en la mesa. El problema de Tamaulipas -la inoperancia de fiscales y jueces- ya llegó a ojos y oídos de Sheinbaum Pardo.
Y eso es grave.
Muy grave: refleja, que la administración estatal, no puede o no quiere, asumir una de sus funciones esenciales para lo cual fue electa, administrar e impartir a cada uno lo que le pertenece.
La presidenta, se vio desencajada.
Y cómo no: reclamos y reclamos, en lugar de recibir el reconocimiento que merece por los logros de su gobierno. Justicia, fue la demanda que sobresalió en su visita a los tamaulipecos. Eso dice mucho: el clamor es generalizado; y para acabarla de amolar, echa por tierra la máxima de la IV T y su Segundo Piso: primero los pobres; por la sencilla razón, que los quejosos, son parte del pueblo llano, del pueblo más vulnerable.
De hecho, estamos ante una de las desviaciones más perversas, de la procuración de justicia; o lo más inquietante: en la penosa ruta de su profundización.
¿Se dimensiona así el inaceptable hecho?
Govea Orozco sale sobrando.
No pudo con el paquete; no ha ejecutado en esa importante dependencia, una sola acción relevante. Puros problemas para el gobernador y la presidenta. Todos los casos, de rutina con la sencilla fórmula de aplicar la ley, los ha complicado ya por ignorancia y ya por parcialidad.
Otro asunto se suma a su largo rosario de pifias: el atropellamiento de una señora en ciudad Madero; el responsable era un miembro de la Marina Armada de México. A pesar de que las pruebas detectaron que conducía ebrio y drogado, se le permitió seguir el proceso en libertad.
Gente humilde, los familiares de la occisa, no tuvieron acceso a la presidenta.
¿Para eso quería la fiscalía Govea?