Palabras libres
Por Edgar Joel Yépez Ibarra
Caminar por los distintos estratos de nuestra sociedad, escuchar y pulsar el latir humano me permite exponer que existe un clamor profundo y un grito de inconformidad que choca dolorosamente con el discurso de la mayoría de los políticos.
Debo decir que la voz de mi conciencia para escribir obedece únicamente al anhelo genuino para la rectificación y la enmienda, para recuperar una humanidad que nos asegure un mejor destino a todas y a todos.
Por ello, es necesario y urgente entender que si las heridas sociales que provocan este clamor no se atienden con honestidad, la fuerza viva de la sociedad seguirá abriendo caminos de cambio, venciendo a cualquier color político que se resista a sanar los profundos dolores que tanto lastiman.
Entendamos que para sanar las heridas, para apagar el clamor, no se requiere silenciar las redes ni las conciencias; solo necesitamos honestidad y aprender a mirarnos desde el corazón: frenar la ambición y la corrupción y construir una justicia pareja para todos.
Entendamos que el único antídoto real contra el hartazgo y el dolor social es el trabajo honesto. Es decir para que la sociedad, la conciencia y las redes dejen de gritar, se requiere servir con verdadera humanidad, con integridad desde la función pública.
Para que el discurso político no choque contra la realidad, y para que el peso de las palabras y las acciones de quienes sirven desde el poder se conviertan en un bálsamo de crecimiento humano y no se vuelvan en su contra, necesitamos que en el servicio público predomine la honestidad, la preparación y el genuino humanismo.