La Comuna

José Ángel Solorio Martínez

El crimen de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, es un estallido que terminará hundiendo al PRI para siempre. La detención del exgobernador, Ángel Aguirre, es el eslabón más visible pero no el de mayores responsabilidades, en el conocido asunto que cimbró a la opinión pública nacional e internacional.
La verdad histórica, que manejó el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y todos sus colaboradores -incluido el Ejecutivo estatal de Guerrero- fue delineada para consumo mediático con el objetivo de encubrir a los verdaderos responsables.
Se sabe ahora, que fue un complot del aparato de estado.
Por años, se ocultaron y destruyeron pruebas de los hechos con una frialdad pasmosa. Se facilitó la huida de participantes en la desaparición forzosa de los jóvenes, hacia los Estados Unidos; se alteró la escena del crimen; se ocultaron testimonios y se manipularon a fiscales y jueces para enturbiar la investigación.
Hoy mismo, el gobierno mexicano, tiene solicitudes de extradición de varios acusados de ese monstruoso acontecimiento que sigue vivo en el recuerdo triste de familiares y amigos de los estudiantes.
Su desaparición se asemeja a la matanza de Aguas Blancas y otras no menos ominosas.
El hilo que conecta al exgobernador Aguirre con el expresidente Peña Nieto, es obligado seguirlo. Igual a su secretario de gobernación, Miguel Angel Osorio Chong.
El entramado que rodea a los 43 jóvenes de Ayotzinapa, en mucho fue delineado por sensibles áreas gubernamentales que necesariamente pasaron por la presidencia de la república.
Es remoto, que el entonces gobernador de Guerrero, haya actuado sin la anuencia de sus superiores -secretario de gobernación, fiscal general de la República, secretario de la Defensa- para desaparecer, y quizá destruir, las cintas videograbadas del momento en que detuvieron a los normalistas.
Con los trozos de información proporcionados por testigos, se ha reconstruido lo que pudo haber pasado esa noche. Los estudiantes, secuestraron un camión que sin saberlo estaba cargado de droga; se enteraron los dueños del producto; éstos, pidieron el apoyo de la policía y los detuvieron.
Desde ese momento se cortó la secuencia, porque los videos fueron escamoteados por el gobernador Aguirre.
¿Soltará la sopa el distinguido exgobernador priista?
¿Aflorarán las perdidas piezas del rompecabezas para llegar a los verdaderos culpables?
¿Llegará la lumbre hasta Peña Nieto?
¿Sobrevivirá el PRI a esta estocada final?
Por salud de la república y la nueva honorabilidad del aparato de justicia de la IV T y su Segundo Piso, esperemos que doña Ernestina Godoy cumpla: caiga quien caiga.