Rutinas y quimeras
Clara García Sáenz

En las últimas semanas ha habido una andanada de publicaciones que intentan “funar”
a la Universidad Nacional Autónoma de México por lo sucedido en el examen de
admisión; los “expertos de redes sociales” y los “profesionales” de los medios de
comunicación opinan como verdaderos expertos en el tema e incluso se suman voces
que piden la renuncia del rector Leonardo Lomelí (mi maestro en el posgrado).
Sí, ciertamente, en las décadas más recientes las universidades públicas,
particularmente las autónomas, vivieron una inclinación hacia el neoliberalismo, donde
muchos universitarios vivimos atropellos como la llegada de gente que no conocía ni un
ápice de la universidad, egresados de instituciones privadas para ocupar altos puestos
y definir las políticas universitarias y contratando empresas externas para organizar
eventos académicos o culturales como la feria del libro que eran show y fiasco,
llenándose los bolsillos e ignorando la experiencia de los universitarios.
Ahora las universidades intentan recomponer, con sus recursos humanos,
muchos renglones torcidos de su época neoliberal y avanzan hacia un cambio,
lentamente, pero avanzan; los múltiples escándalos de todo tipo que estas nobles
instituciones han vivido son parte de lo complejo que resulta ser quienes, durante
décadas, han representado la oportunidad de movilidad social de la clase trabajadora
de este país.

En el caso de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), hemos visto a lo
largo de los años la crítica permanente de sus malquerientes sobre su baja calidad
académica y sus escándalos de corrupción, y no sé cuántas perlas más. Pero cuando
les preguntas a esos expertos críticos si alguna vez han cruzado por sus aulas, la
respuesta es negativa.
Cuando llegué a la UAT hace más de 35 años como estudiante, había un
ambiente político y académico muy diferente al de hoy. Debo confesar que, a lo largo
de mi trayectoria profesional en la misma, he visto muchas cosas desagradables (que
en cualquier espacio laboral son cotidianas), como recomendados con escandalosos
sueldos, atropellos de autoridad, prepotencia, etcétera, pero, sin duda, los aciertos han
sido mayores, como los que el actual Rector ha venido realizando al dignificar a sus
trabajadores.
Recientemente se llevó a cabo la promoción de plazas de tiempo completo, en
un proceso de asignación que considero el más limpio jamás realizado en la UAT, en el
que fueron beneficiados los profesores de horario libre que forman parte del Sistema
Nacional de Investigadores, lo cual representa un acto de justicia laboral y académica
para muchos que, durante años, vimos cómo se otorgaban estas plazas al contentillo
de los directores de las facultades. Desconozco el número de beneficiarios, pero
calculo que son más de 50 profesores, algunos con más de 30 años de servicio y con
calidad académica probada y reconocida, que por primera vez se toma en cuenta.
Este proceso, incuestionable y realizado con pulcritud, distingue a la UAT de
otras universidades públicas que se debaten con escándalos como el complejo examen

de admisión de la UNAM. Esto apenas comienza y la UAT se empieza a convertir en un
modelo de humanismo académico. E-mail: [email protected]