CONFIDENCIAL

Por Rogelio Rodríguez Mendoza

Durante muchos años, Nuevo Laredo fue utilizado como referencia obligada cuando se hablaba de violencia en Tamaulipas. Hoy, las cifras oficiales muestran un escenario completamente distinto. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI coloca a la ciudad como la de menor percepción de inseguridad en el estado y la séptima mejor evaluada del país.

Los números son contundentes. Entre marzo y junio de este año, la percepción de inseguridad disminuyó de 34.8 a 26.5 por ciento, una reducción de 8.3 puntos porcentuales, la segunda más importante de México. Mientras el promedio nacional indica que el 59.8 por ciento de los mexicanos considera insegura la ciudad donde vive, en Nuevo Laredo apenas uno de cada cuatro habitantes comparte esa percepción. La diferencia es de 33.3 puntos porcentuales respecto a la media nacional.

No se trata de una posición cualquiera. Nuevo Laredo aparece únicamente por debajo de San Pedro Garza García, Piedras Negras, Saltillo, San Nicolás de los Garza, Benito Juárez y Torreón, dejando atrás a decenas de ciudades del país. 

En Tamaulipas, además, supera ampliamente a municipios como Reynosa, Matamoros y Tampico, convirtiéndose en el referente estatal en este indicador.

Siempre existirá el debate de que percepción no significa necesariamente ausencia de delitos. Es verdad. Pero también es cierto que la percepción ciudadana es uno de los indicadores más importantes para medir la confianza en las instituciones y en el entorno. La gente responde de acuerdo con lo que vive todos los días, no con base en discursos oficiales.

Sería ingenuo pensar que estos resultados aparecieron de manera espontánea. Detrás existe una estrategia sostenida durante los últimos años que apostó no solo por el fortalecimiento de la seguridad, sino también por la recuperación de espacios públicos, la modernización del alumbrado, la rehabilitación de parques, el impulso a programas deportivos, culturales y sociales, además de la coordinación entre los tres órdenes de gobierno. Ese trabajo ha sido impulsado por la administración de Carmen Lilia Canturosas.

Los beneficios de estos indicadores van mucho más allá de la tranquilidad de las familias. Diversos estudios del Banco Mundial, del Instituto Mexicano para la Competitividad y del Consejo Coordinador Empresarial coinciden en que la percepción de seguridad influye directamente en las decisiones de inversión. Y Nuevo Laredo no es cualquier municipio: es el principal puerto terrestre de América Latina, por donde cruza alrededor del 40 por ciento del comercio terrestre entre México y Estados Unidos. También figura entre las ciudades con mayor generación de empleo formal en Tamaulipas y concentra una intensa actividad logística, industrial y aduanera.

Por supuesto, todavía quedan retos importantes. La seguridad nunca es un asunto resuelto y mantener estos indicadores será más difícil que alcanzarlos. Sin embargo, tampoco sería justo regatear un resultado respaldado por el INEGI. Cuando una ciudad que durante años fue sinónimo de violencia hoy aparece entre las siete con menor percepción de inseguridad del país, es evidente que algo cambió.

Los gobiernos suelen pedir que se les evalúe por sus resultados. En el caso de Nuevo Laredo, los datos oficiales empiezan a respaldar el trabajo realizado por la administración de Carmen Lilia Canturosas. Más allá de filias o fobias políticas, las cifras hablan de una ciudad que ha comenzado a cambiar su historia y que hoy proyecta una imagen distinta para sus habitantes, para quienes invierten en ella y para el resto del país.

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