Dr. Adán W. Echeverría García

Los esclavos, ni qué decir tiene, están a disposición del amo:

su condición hace de ellos objetos sexuales

Michel Foucault

Que vergüenza leer a personas asumiendo que el profe Jasso dijo la verdad. Un dato: La alumna que lo denuncia es una menor de edad, es alumna de la preparatoria (del bachillerato). El profesor Jasso, sabiendo que luego de liberar su vídeo se quitaría la vida, expone la foto de una menor y dice su nombre completo; es decir, comete este delito, con premeditación y ventaja, porque por ley, no debe decir el nombre de la presunta víctima y menos poner su foto. Hay leyes contra la exposición de menores de edad en redes sociales, en la internet. Se debe proteger su rostro, y cuando se es menor solo se deben publicar las iniciales de su nombre. Jasso tenía que saberlo, pues según cuenta la leyenda, lleva más de 25 años frente a grupos de adolescentes impartiendo clases de bachillerato.

Hay una Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes; y en ésta se establece explícitamente que no está permitido difundir datos personales de menores de edad relacionados con la comisión de un delito, sin importar si participan como autores, víctimas o testigos. Por lo que queda estrictamente prohibida cualquier publicación que propicie su criminalización, estigmatización o discriminación tanto en medios impresos como electrónicos y digitales. Y eso aplica para el profesor Jasso, como para todos los medios fantoches de redes sociales, y a todos esos cazadores machistas y misóginos de la adolescente; que la han llenado de insultos, la han insultado de todas las maneras posibles.

Lo triste de todo este asunto es la facilidad de que, por quitarse la vida, aquellos de moral cuestionable, decidan considerarlo víctima y comprarle aquello de su sacrificio en pro de proteger la Presunción de Inocencia. Jasso señala que se está violentando su presunción de inocencia, pero expone el rostro y el nombre de una adolescente, dice su nombre, el nombre de la institución en donde estudia, la llama mentirosa y la culpa de su muerte; ergo, no está protegiendo la «presunción de inocencia de la menor». Logró su cometido. Los y las machistas, los y las misóginas de este país, incluso aquellos que se hacen llamar docentes, de forma inmediata asumieron el silogismo de: «si se suicida debe haber dicho la verdad, entonces la adolescente es mala, mentirosa, hizo una denuncia falsa». Va de nuevo, para quienes deciden a No querer Entender: ¿Y la presunción de inocencia de la adolescente dónde queda? Es mucho más fácil y aventurero correr todos a la cacería de la adolescente.

Siguen creyendo en su cabecita loca que, a cualquier hombre, suicida o no, le basta con decir «Soy inocente» para de inmediato aceptar que lo es y cargar contra una alumna menor de edad. Yo no defiendo denuncias falsas de nadie, no se equivoquen. Pero me atengo a los protocolos y las leyes, a las pruebas que siempre se exigen; y sobre todo a lo que veo, observo y leo: la violencia que muchos lanzan contra una alumna, simplemente por la lástima que les provoca un hombre que hace un vídeo y se suicida, o dice que se suicida. Para muchos, eso es suficiente para aceptar que sus dichos son la verdad. Analícense. Mírense al espejo y recapaciten su ramplona forma de pensar.