La Comuna

José Ángel Solorio Martínez

El horroroso caso de la Academia Militarizada Doenitz, de Madero Tamaulipas, México, ya dio vuelta al país. Por todas partes, se escuchan gritos de indignación, por los pervertidos métodos pedagógicos que ese plantel practicaba a la par de un enfebrecido plan de estudios, que supuestamente avala la Secretaría de Educación de Tamaulipas (SET).
El asombro es mayor, cuando son palpables los resultados: una menor muerta y cientos de estudiantes afectados por esa didáctica de la tortura que caracterizaba a esa escuela probadamente fascista.
Sí: nazi.
A casi una semana de ocurrido ese monstruoso experimento educativo, ¡no hay detenidos!
La SET, y su burocracia, disfrutando de sus inmerecidas vacaciones, no han abierto la boca para clausurar la demencial institución; ni la Fiscalía local ni estatal, ha acelerado las indagaciones como lo exige un asunto de tal gravedad; ni la fiscalía general de la República (FGR) ha intervenido a pesar de que las pruebas muestran una flagrante violación de los derechos de los niños, los educaban a su corta edad con ideologías supremacistas claramente anticonstitucional.
Todo tipo de autoridad se ha estado ausente ante la sorpresa y la indignación de la opinión pública.
El que se dice comandante, Jorge Luis Ponce Ortega, es el director del plantel, declara y actúa como un psicópata: insensible, sin empatía, con el claro objetivo de educar como se lo traza su enferma cosmovisión: crear una raza superior para ejercer el dominio universal.
Es un fenómeno social digno de ser estudiado.
¿Cómo un sujeto cuyas luces intelectuales son verdaderamente elementales, creó todo un equipo de hombres y mujeres que obedecían ciegamente sus órdenes para vejar, humillar, golpear, abusar sexualmente -tomaban fotos íntimas, a las y los jovencitos- e institucionalizar el castigo para educar, cual ratas de Skinner?
Más de una docena de docentes de esa podrida y mortal pedagogía son corresponsables de los múltiples delitos que esa banda de engendros cometió con -ahora se sabe- cientos de jovencitos en lo más sensible de su desarrollo afectivo, intelectual y físico.
Esa práctica, se debe desterrar de todo Tamaulipas.
Están involucrados, todo el aparato administrativo, docente y directivo de esa pseudo escuela militar. Ese grupo de educadores, -¿se les podrá llamar de esa forma?- deberían estar en la cárcel.
Muchos de ellos ya emprendieron el vuelo.
La teniente, o almirante, o capitana, no se sabe, Estrellita, es la representación de esas celadoras nazis que hicieron sufrir a miles de judíos en los campos de concentración en los pueblos europeos ocupados por el ejército de Hitler.
Es una escuela secundaria esa academia; es decir: son niños, los que ahí se inscriben.
E ahí, una justa causa que el DIF debiera encabezar, por primera vez en su inútil existencia.