Por José Gregorio Aguilar

Domingo 19 de Julio del 2026

El director de Seguridad Pública,  Tránsito y Vialidad en  Victoria, Javier Córdoba González, se pronunció a favor del uso de cámaras y audio en patrullas y filtros de revisión, como medida para transparentar los operativos antialcohol y de todo tipo. La intención es clara: frenar la corrupción y elevar la confianza ciudadana en la corporación.

Córdoba González reconoció que persiste la percepción de corrupción, pero aseguró que existen mecanismos para controlarla y exhortó a los ciudadanos a denunciar cualquier irregularidad. “Hay gente que me dice: yo di tanto, y resulta que la multa era tres veces menos. Es preferible que se acerquen, que presenten su caso, y nosotros lo corregimos. Para eso estamos”, señaló.

El funcionario fue enfático en subrayar que la corrupción no se genera sola. Para que exista se necesitan dos, y muchas veces es el propio ciudadano quien la propicia al ofrecer dinero para evitar sanciones. Señalar a la autoridad es cómodo, pero reconocer la participación del infractor resulta incómodo y, sin embargo, indispensable.

Por ello, insistió en que la denuncia es la vía correcta para combatir estas prácticas. El ciudadano que extiende un billete para evadir su responsabilidad no solo evade la sanción, también alimenta el círculo vicioso que tanto se critica. La corrupción se sostiene por la debilidad institucional, sí, pero también por la cultura de la trampa que persiste en la sociedad.

La propuesta de instalar cámaras busca no solo proteger al ciudadano frente a posibles abusos, sino también respaldar al agente que cumple con su deber. La grabación se convierte en evidencia imparcial, capaz de zanjar discusiones y de exhibir tanto la actuación de la autoridad como la conducta del ciudadano.

El director aseguró que el costo de implementar esta tecnología no sería elevado y que, en cambio, elevaría el nivel de confianza en la corporación. Además, reforzaría la capacitación de los agentes para evitar prácticas indebidas y consolidaría un nuevo estándar de transparencia.

La apuesta por las cámaras es, entonces, más que un recurso tecnológico: es un mensaje político y social. Es la declaración de que la autoridad quiere ser observada y que no teme al escrutinio. Pero también es un recordatorio para el ciudadano: la corrupción no se combate solo desde arriba, se combate desde la conciencia individual. Lo que refleje la cámara será la medida de nuestra honestidad colectiva.