Por René Martínez Bravo
En política, las señales casi nunca son casuales. Un asiento vacío en un evento oficial, una invitación que no llegó, una fotografía de la que alguien desaparece o una ausencia en los tradicionales honores a la bandera suelen decir mucho más que un comunicado oficial. En el lenguaje del poder, los símbolos hablan.
Cuando un secretario, subsecretario, coordinador o funcionario de primer o segundo nivel que siempre formó parte del primer círculo deja de ser convocado, inevitablemente se encienden las alertas. El excluido comienza a preguntarse qué ocurrió, quién habló de él, quién sembró la duda o quién aprovechó la oportunidad para desplazarlo. Porque así funciona, muchas veces, la política de los pasillos.
Toda estructura de gobierno alberga grupos. Es natural. Lo preocupante es cuando esos grupos dejan de competir con resultados y comienzan a hacerlo mediante la intriga, la mentira, la descalificación y la deslealtad. Ahí nace el verdadero enemigo de cualquier administración: no el que critica desde afuera, sino el que conspira desde adentro.
Y conforme avanza un sexenio, ese fenómeno suele intensificarse. La cercanía del relevo político despierta ambiciones que permanecían dormidas. Comienza entonces la lucha transexenal, esa carrera silenciosa por asegurar espacios en el siguiente proyecto político, por sobrevivir al cambio o, mejor aún, por convertirse en el heredero del poder.
Es entonces cuando aparecen los especialistas en susurrar al oído del gobernante. Los fabricantes de expedientes negros. Los que inventan historias, magnifican errores, atribuyen traiciones inexistentes y construyen enemigos donde no los hay. Son personajes que entienden que una mentira repetida oportunamente puede desplazar a un rival más eficaz que cualquier competencia profesional.
La historia política mexicana está llena de estos episodios. No pertenecen a un solo partido ni a un solo gobierno. Son parte de una cultura política que privilegia la grilla sobre el trabajo y la intriga sobre los resultados.
Tamaulipas, desde luego, no está exento de esa realidad.
Los recientes movimientos dentro de la administración estatal parecen reflejar precisamente un proceso de revisión interna. La salida de Samuel Badillo de la Subsecretaría de Bienestar Social se enmarca dentro…