CONFIDENCIAL

Por ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA.

Hay algo que simplemente no cuadra. Desde hace más de seis años el gobierno insiste en que el sistema de salud ya cambió. Primero nos prometieron uno mejor que el de Dinamarca. Ahora aseguran que el IMSS Bienestar vino a resolver los grandes problemas de la atención médica.

Y entonces surge una pregunta inevitable. Si todo eso es cierto, ¿por qué nunca vemos a un gobernador, a un secretario, a un senador, a un diputado, a un alcalde o a la propia presidenta atenderse en un hospital del IMSS Bienestar cuando enfrentan un problema serio de salud?

No hablo de acudir a inaugurar un quirófano o entregar una ambulancia. Hablo de llegar con un dolor intenso, esperar turno en Urgencias o hacer fila para una consulta.

La respuesta parece obvia. Cuando la salud está en juego, los propios gobernantes hacen exactamente lo mismo que cualquier mexicano con posibilidades económicas. Buscan un hospital privado porque saben que entre el discurso oficial y la realidad sigue existiendo una enorme distancia.

Quien crea que se trata de una exageración solo necesita acercarse a cualquiera de los hospitales públicos. Ahí no hacen falta conferencias mañaneras ni campañas publicitarias. La realidad habla por sí sola y suele ser mucho más convincente que cualquier discurso.

Eso fue precisamente lo que me ocurrió hace unos días. Acudí al Hospital Regional de Alta Especialidad de Ciudad Victoria para solicitar una consulta con un neurocirujano para un familiar. Durante muchos años ese hospital fue el último refugio para quienes ya no encontraban respuesta en otra institución pública.

Era el lugar que todavía inspiraba confianza por la calidad de sus especialistas y por su capacidad resolutiva. Lamentablemente, también empieza a resentir las mismas carencias que desde hace años vienen deteriorando al sistema público de salud.

La respuesta que recibimos fue devastadora. La fecha probable para la consulta con el neurocirujano será durante los primeros días de noviembre. Cuatro meses pueden ser un plazo administrativo. Para un enfermo pueden representar la diferencia entre recibir atención o ya no alcanzarla.

En nuestro caso, esperar hasta noviembre simplemente no es una alternativa. Si aguardamos esa cita, es muy probable que el familiar para quien buscamos atención ya no esté con nosotros. Así de cruel puede ser una lista de espera cuando la enfermedad avanza sin detenerse.

No responsabilizo a médicos, enfermeras ni trabajadores del hospital. Ellos hacen cuanto pueden con los recursos disponibles. El problema está en un sistema rebasado por la demanda mientras el gobierno sigue empeñado en vender una realidad que millones de mexicanos simplemente no viven.

Por eso, todo aquel que tiene posibilidades económicas busca una alternativa. Paga una consulta privada, pide dinero prestado, dispone de sus ahorros o se endeuda. Cuando la vida está de por medio, nadie quiere dejar su suerte en manos de una lista de espera.

Y ahí volvemos a la pregunta del principio. Si el IMSS Bienestar es tan bueno como lo presume el gobierno, ¿por qué quienes toman las decisiones nunca ponen ahí la salud de sus hijos, de sus padres o de ellos mismos? La credibilidad no se construye con discursos. Se construye con el ejemplo.

EL RESTO.

LA VOCERÍA Y SUS FAKE NEWS.- Ya son varias las ocasiones en que la Vocería de Seguridad reporta accidentes automovilísticos en lugares equivocados. O se equivoca de carretera o se equivoca de ubicación.

El hecho es preocupante porque se supone que es la instancia oficial mejor informada. La que garantiza la veracidad de su información.

Alguien tiene que poner orden.

ASÍ ANDAN LAS COSAS.

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