Por José Gregorio Aguilar
Lunes 13 de Julio del 2026
A punto de cumplir su primer año al frente del Poder Judicial del Estado, Tania Gisela Contreras López decidió que no bastaba con discursos solemnes: había que exhibir la mugre. Dos servidores públicos y tres abogados ya fueron vinculados a proceso, un hecho inédito que desnuda la fragilidad de la impartición de justicia y la necesidad de depurar la casa desde adentro.
La presidenta del Supremo Tribunal de Justicia no se anduvo con rodeos: puso a disposición de la Fiscalía a quienes, desde dentro, atentaban contra la institución que juraron servir. El mensaje es claro: el respeto al Poder Judicial no se declama, se defiende con sanciones.
Contreras presume que la limpieza no se limita a los expedientes penales. También se evalúa a jueces y se prepara un concurso para treinta plazas de secretarios de estudio y cuenta, con más de mil aspirantes en capacitación. Una operación quirúrgica que busca oxigenar el sistema civil y familiar, aunque la pregunta inevitable es si treinta plazas bastan para un cuerpo enfermo desde hace décadas.
La presidenta recuerda que ya hubo cortes de caja: a los cien días y ahora, al cierre del primer año. Los números en materia penal, laboral y civil se muestran “sólidos”, según su balance. Pero detrás de la estadística, persiste la sospecha de que la corrupción no se barre con un par de escobazos, sino con una vigilancia permanente que no siempre se logra.
El bisturí está sobre la mesa. Contreras López intenta demostrar que el Poder Judicial puede regenerarse, aunque la cirugía apenas comienza y los pacientes son muchos. La pregunta que flota es si la voluntad de limpiar alcanzará para curar un sistema que durante años se acostumbró a convivir con la infección