Por Negal Ciliberto, director general de Philips para México.
Garantizar que más personas puedan acceder a una atención médica oportuna y de calidad es
uno de los mayores desafíos que enfrenta hoy el sistema de salud en México. El
envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas y la creciente
demanda de servicios especializados ejercen una presión sin precedentes sobre hospitales y
profesionales de la salud.
Responder a este desafío no depende únicamente de ampliar la infraestructura o incorporar
más personal. También exige aprovechar mejor los recursos disponibles y aumentar la
capacidad del sistema sin comprometer la calidad de la atención.
En este contexto, el tiempo se ha convertido en uno de los recursos más valiosos. Mientras la
demanda continúa creciendo, los profesionales de la salud deben gestionar un volumen cada
vez mayor de estudios, historiales clínicos y datos. El reto ya no es obtener más información,
sino convertirla en decisiones oportunas que permitan atender a más personas.
Se estima que hacia el final de la década el mundo podría enfrentar una escasez de hasta 10
millones de profesionales de la salud. En México, donde las enfermedades cardiovasculares, el
cáncer y otros padecimientos crónicos siguen aumentando la demanda de atención
especializada, recuperar tiempo para los equipos clínicos significa ampliar la capacidad del
sistema para ofrecer diagnósticos y tratamientos más oportunos.
En este escenario, la inteligencia artificial representa una oportunidad extraordinaria. Pero el
verdadero desafío no consiste en incorporar más aplicaciones de IA, sino en integrarla de
forma natural en la práctica clínica diaria.
Desde nuestra experiencia en Philips, hemos comprobado que el verdadero potencial de la
inteligencia artificial no reside en aplicaciones aisladas, sino en plataformas que integran
dispositivos, software, datos e inteligencia artificial para conectar la información clínica y
apoyar mejores decisiones. Cuando esa inteligencia forma parte de un ecosistema conectado,
es posible simplificar los flujos de trabajo, mejorar la coordinación entre equipos clínicos y
escalar el impacto de la innovación.
Hoy ya existen soluciones que automatizan tareas repetitivas en estudios de resonancia
magnética y tomografía, aceleran el análisis de información clínica y ayudan a priorizar
pacientes que requieren atención inmediata. Al mismo tiempo, la integración de datos
provenientes de distintas especialidades ofrece una visión más completa del paciente y reduce
parte de la carga administrativa que hoy consume un tiempo valioso.
El resultado es claro: devolver tiempo a los profesionales de la salud para dedicarlo a lo que
realmente importa, el cuidado de las personas.
Sin embargo, la tecnología por sí sola no resolverá los desafíos del sistema de salud. Su
adopción debe sustentarse en principios como la transparencia, la protección de datos, la
supervisión humana y la interoperabilidad entre sistemas. La innovación solo genera valor
cuando responde a necesidades reales de profesionales y pacientes.
En un país donde conviven instituciones públicas de gran escala, hospitales privados altamente
especializados y comunidades con importantes brechas de acceso, las plataformas conectadas
representan una oportunidad para ampliar la capacidad del sistema y acercar atención de
calidad a más personas.
El futuro de la salud no se construirá con más tecnologías aisladas, sino con plataformas
capaces de conectar información, profesionales y pacientes para ofrecer mejores cuidados a
más personas.