La Comuna

José Ángel Solorio Martínez

El alcalde de Matamoros, Tamaulipas, Beto Granados, se convirtió en elemento de alta toxicidad, para todo el aparato administrativo del ayuntamiento que preside. La más reciente víctima de su infectada y convulsa vida política, fue su coordinador de asesores Homar Zamorano Ayala.
En efecto.
Como casi toda red de autoridad de la administración municipal del alcalde Granados, está bajo el riguroso escrutinio de las agencias policíacas norteamericanas, al exalcalde matamorense le tocó la de malas: su esposa e hija, fueron retenidas en el puente internacional por agentes de migración de USA; luego del interrogatorio de rigor, les retiraron sus visas.
Se desconoce el motivo.
¿Qué hizo Homar para merecer tanta presión de las autoridades norteamericanas?
Al parecer, sólo laborar con Granados en la administración pública.
Eso bastó para que sus familiares recibieran la sanción.
Que se sepa, Homar fue uno de los más cercanos y honestos colaboradores del gobernador Manuel Cavazos Lerma. Nunca se le conoció vínculos sospechosos ni fortunas escandalosamente inexplicables.
Fue siempre, -y ha sido- un político que ha vivido en la medianía; como pocos servidores públicos.
Pude verlo: en sus tiempos de coordinador del Congreso tamaulipeco, regresó a Tesorería fondos que sobraron de la operación del Poder legislativo. Eran los tiempos de “hacer más con menos”.
Hoy vive de un modesto negocio en la playa Lauro Villar que él mismo atiende.
Su pecado fue aceptar la petición del alcalde Granados, para trabajar en presidencia.
Beto sí que la tiene difícil. Hace meses, las autoridades norteamericanas lo despojaron de su visa para pasar a USA y -por lo que se ve- le siguen la pista muy de cerca.
No sólo a él: a toda persona que se le acerque, haga negocios, o se le asocie.
Le tocó a Homar.
Probablemente los gringos tienen bien checados a los amigos y cómplices de Beto.
Se infiere: todo aquel personaje que socialice con el presidente municipal, Granados, estará en el radar de las agencias norteamericanas.
Todo eso no le acongoja a Beto.
Se siente seguro porque su amigo de la Avanzada, le tiene prometida la reelección.
Él por supuesto se deja querer.
No le entra en la cabeza, que es ya un pasivo para la IV T y su Segundo Piso que encabeza el gobernador Américo Villarreal Anaya. Y lo peor: para la presidenta Claudia Sheinbaum, dada la importancia de Matamoros para el desarrollo del país.
Cuando la ambición se convierte en insensatez, obnubila: ven la tempestad y no se hincan.