Columna Opinión Económica y Financiera.
Dr. Jorge A. Lera Mejía.
Tamaulipas ha recuperado tracción económica en los últimos trimestres gracias al empuje de las actividades primarias y secundarias, particularmente agropecuarias, manufactura, construcción y ramas asociadas a la plataforma exportadora.
El ITAEE reportó un crecimiento anual de 2.7% en el primer trimestre de 2025, con alzas de 24.3% en primarias, 3.4% en secundarias y apenas 0.7% en terciarias; además, en ese trimestre el estado se ubicó en el noveno lugar nacional, mientras que para el tercer trimestre de 2025 alcanzó un crecimiento de 3.1% y entró al grupo de las cinco entidades con mayor expansión económica.
Esta evolución confirma una inercia positiva, pero también revela una estructura de crecimiento aún concentrada en sectores específicos y, por ello, vulnerable a choques externos, a la desaceleración de Estados Unidos y a la volatilidad logística y energética.
El desafío central del gobierno estatal consiste en transformar el crecimiento sectorial en una plataforma sostenida de inversión, productividad y empleo formal.
Aunque la economía avanza, el mercado laboral todavía presenta rezagos cualitativos: en el primer trimestre de 2025 la tasa de informalidad laboral en Tamaulipas fue de 43.5%, y al cierre de 2025 distintos reportes derivados de la ENOE la ubicaron alrededor de 44.9%, mientras la desocupación del cuarto trimestre de 2025 fue de 2.6%. Es decir, el estado muestra relativa capacidad para absorber ocupación, pero una parte importante de esa absorción ocurre en esquemas de baja productividad o sin seguridad social.
Para asegurar la actual inercia de crecimiento, la primera prioridad debe ser una política industrial estatal de segunda generación. Ya no basta atraer inversión; se requiere elevar el contenido local de las cadenas manufactureras y logísticas de Reynosa, Matamoros, Nuevo Laredo, Altamira y Ciudad Victoria. Esto implica desarrollar proveedores tamaulipecos, parques industriales con infraestructura suficiente, certificación de pymes, vinculación con aduanas, energía confiable, agua industrial y formación técnica especializada para que las nuevas inversiones generen mayores encadenamientos internos y más plazas registradas ante el IMSS.
La segunda prioridad debe ser una estrategia explícita de formalización laboral.
El crecimiento no será socialmente sostenible si continúa acompañado por alta informalidad. El gobierno estatal puede combinar incentivos fiscales locales, simplificación regulatoria municipal, ventanillas únicas digitales, inspección inteligente y programas de transición a la formalidad para micronegocios, transportistas, comercio y servicios personales. Esta política debe enfocarse en mujeres, jóvenes y trabajadores independientes, donde suelen concentrarse mayores brechas de protección social.
La tercera prioridad consiste en equilibrar la estructura sectorial. Los datos del ITAEE muestran que los servicios crecieron bastante menos que el resto de la economía en el primer trimestre de 2025, con solo 0.7% anual. Por ello, el gobierno estatal debe impulsar turismo regional, servicios empresariales, salud, educación técnica, logística avanzada y economía digital, para evitar que el crecimiento dependa en exceso de sectores cíclicos. A la vez, conviene blindar al campo con tecnificación hídrica, sanidad e integración agroindustrial, porque el gran salto de las actividades primarias difícilmente se sostendrá sin inversión productiva y adaptación climática.
Tamaulipas necesita pasar de un crecimiento favorable a un crecimiento estructuralmente robusto: más diversificado, más formal y con mayor valor agregado local.
La meta estratégica del gobierno estatal debe ser que cada punto adicional de crecimiento del PIB se traduzca en más empleo formal, mejores salarios y menor informalidad regional, especialmente en las ciudades fronterizas, el sur industrial y los municipios rezagados del centro y el altiplano.