DESDE ESTA ESQUINA.
MELITON GUEVARA CASTILLO.


No tengo la menor duda: el agua es una bendición, pero también es una maldición. En
principio es una bendición porque, sin ella, la vida no seria posible; en tanto, además, de
que es necesaria para muchas de las acciones que facilitan el desarrollo de las comunidades
como de la familia.
Pero es, también, una maldición porque en cualquier parte del mundo nos normales las
tragedias que suceden a causa del agua. Sea en el mar, en rio o incluso, dentro de una casa
habitación. El niño, nos cuentan, es un fenómeno meteorológico que trastoca la normalidad
del ciclo de agua y de sus diversas manifestaciones.
Siendo adulto mayor no me da pena confesar que no se nadar. Y eso que soy originario de
Campoamor (Padilla), ubicado a un costado del rio purificación; lo conocí en la década de
los sesenta, en el siglo pasado, cuando era un tremendo rio cuyas crecidas eran
fenomenales, se desbordaba y el agua en mas de una ocasión llego hasta mi casa ejidal.
Y no aprendí a nadar pesé que, una y otra vez fui, precisamente a bañarme o a acarrear agua
en una cubeta. La historia es simple: papa (+) nadaba muy bien, pero el antecedente de que
uno de sus hermanos se ahogó, y ese temor lo llevo a ser prudente, muy cuidadoso con sus
hijos.
He recorrido muchas veces la interejidal, conozco cada uno de sus arroyos y en estos días el
Rio San Francisco ha sido testigo de tragedias familiares: quien conoce la zona, bien que
sabe, que solo lleva agua cuando llueve; y es cuando familias y grupos de amigos se dan
cita para disfrutar del agua… y en lo personal, hasta se me hace increíble, que sucedan
tragedias.
Ese es el detalle: la imprudencia. Hace días una menor de edad perdió la vida, junto con sus
padres. La niña entro al agua y la corriente la arrastro: sus papas, intentando salvarla,
también se introdujeron a la corriente y sucedió lo peor: los tres fallecieron. Lamentable, si,
que sucedan este tipo de tragedias.
Cuando el agua escasea, recuérdenlo, hasta el presidente municipal Eduardo Gattas pide a
la población que hagamos oración para que llueva; en algunas comunidades organizan
danzas ligadas con la fe religiosa. Lo hacen porque necesitamos el agua para vivir; también
para disfrutar, valga, momentos de recreación como los que ocasionaron la tragedia.
Ante el agua, su escasez, resulta que no la cuidamos; y cuando hay, nosotros mismos, no
nos cuidamos. Hagan memoria: cuantas tragedias hemos conocido; hoy en día, ya van
varios accidentes en Los Troncones: suceden porque no se mide el peligro y ante la
imprudencia de unos y otros.