Golpe a golpe

Por Juan Sánchez Mendoza

La libertad de expresión es un derecho fundamental de todo individuo para, sin censura alguna, manifestar sus ideas al través de diversos canales. Sin embargo, existen medios de comunicación masiva donde se abusa de esta garantía constitucional que, por cierto, actualmente asoma más trasgredida en las redes sociales.

En la víspera, el Día de la Libertad de Expresión en México cumplió su septuagésimo quinto aniversario de haberse instituido.

Pero hubo pocos eventos conmemorativos, hasta donde sé.

Y esto, quizá obedece:

a) Al rompimiento del maridaje entre empresarios de la comunicación y el gobierno, pues, otrora, ambas partes organizaban ceremonias para darle realce a la libertad de expresión;

b) Al rechazo de periodistas llamados independientes a secundar a las corporaciones gremiales por considerarlas espurias, aunque hubo varios festejos; y/o

c) Al desconocimiento del marco constitucional que varios ‘periodistas’, de nuevo cuño, exhiben en sus escritos.

No contemplo los géneros periodísticos, pues según observo existe un desconocimiento casi total.

Así como ignorancia en cuanto a la confección de una nota o crónica.

Más, sobre la estructura de un reportaje simple o de investigación, de un artículo o columna, porque en su enseñanza profesional quizá tampoco atendieron la enseñanza de sus maestros.

Como fuere, con ellos, sin ellos y a pesar de ellos, los artículos 6º y 7º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos son claros, en su contenido y disposición.

Así que, admítanlo o no, hubo motivos para conmemorar, en México, el Día de la Libertad de Expresión.

Libertinaje

Por cierto, en este mismo espacio otrora le he comentado que la libertad de expresión es un precepto constitucional que no se compra ni está en venta.

Es el credo de los hombres comprometidos con la verdad.

El derecho que tenemos para comunicar, digna y serenamente, todo lo vano y útil que gira en nuestro entorno.

Pero hay individuos que no la admiten. Seres que la desprecian, pues la verdad lacera. Y molesta, cuando toca los puntos más vulnerables de la naturaleza humana.

La libertad de expresión alienta el misticismo de los que hemos hecho del ejercicio periodístico nuestra razón de ser.

Es la forma y el fondo de la objetividad.

Pero muchas veces se le confunde con el libertinaje.

Y los encargados de ‘prostituirla’ son, precisamente, aquellos que la utilizan para denostar y entrometerse en la vida privada de nuestros semejantes; o, simple y llanamente, para ensalzar las ‘virtudes’ de sus amigos o difamar a los que creen sus enemigos.

La libertad de expresión, incluso, cuando es mal entendida por la ignorancia inherente de quienes se ostentan como periodistas sin serlo, provoca que en ocasiones se confunda a los informadores éticos y profesionales con los mercenarios que al amparo de la Constitución cometen fechorías.

Refiero esto porque mucho me desilusiona ver que, en Tamaulipas, como en otras entidades de la República Mexicana, aún hay decenas de farsantes que usurpan la función de quienes ejercemos el periodismo puntualmente.

Ahí están los pasquines y cualquier número de páginas web y redes sociales que son una vergüenza para el gremio; o rotativos con mayores recursos económicos que sólo sirven para ‘proteger’ otros negocios de sus propietarios y difamar a grupos y/o personajes contrarios.

De cualquier forma, la libertad de expresión es generosa.

Tanto que hay políticos y empresarios nacionales y extranjeros que hacen publicar sus mamotretos para espantar (a sus pares) con el petate del muerto.

En contraparte, cuando el ejercicio periodístico antepone la objetividad a cualquier otro interés ajeno a la comunicación de masas, enorgullece a quienes lo practicamos día con día.

Más cuando sabemos que el oficio tiende a profesionalizarse, merced a la inquietud de algunos colegas por capacitar a los nuevos cuadros ofreciendo talleres de redacción, ortografía y cultura general, por ser los elementos mínimos que requieren dominar quienes forman parte del gremio.

Por tanto, en la actualidad ya no se puede ni se debe ser complaciente con quienes hacen mal uso de la libertad de expresión; y menos cuando éstos han prostituído el quehacer de la prensa, utilizando periódicos y vías de la internet, así como noticieros televisivos y radiofónicos en la comisión de sus ilícitos.

Prueba de ello es el comportamiento que han tenido varios periodistas nacionales y estadounidenses para infamar a México y sus instituciones.

Palo a morena

La operación política que Andrés Manuel López Beltrán (a) ‘El Andy’ inició, pero no concluyó, en Coahuila, estuvo tan mal diseñada que el Congreso local seguirá bajo el control del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y la Unidad Democrática de Coahuila (UDC).

Es un fuerte golpe para Movimiento Regeneración Nacional (morena) y su aliado, el Partido del Trabajo (PT), pero seguramente en los tribunales tratarán de obtener lo que no pudieron en las urnas.

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