*Eficiencia y transparencia
Por René Martínez Bravo
En la política mexicana abundan los discursos grandilocuentes, las inauguraciones espectaculares y las promesas que suelen mirar más hacia la próxima elección que hacia las próximas generaciones. Sin embargo, existen decisiones de gobierno que, aunque menos vistosas, terminan teniendo un impacto mucho más profundo y duradero en la vida de una comunidad.
Una de ellas es el manejo responsable de las finanzas públicas.
En Nuevo Laredo está ocurriendo algo que merece ser observado con atención, no desde la óptica partidista, sino desde la perspectiva de la administración pública eficiente. La alcaldesa Carmen Lilia Canturosas ha planteado una meta que, de concretarse al cierre de 2026, la colocaría en una posición poco común dentro de la historia reciente de los gobiernos municipales del país: entregar un municipio sin deuda pública.
Parece una frase sencilla, pero detrás de ella existe una enorme carga política, administrativa y financiera.
Cuando la actual administración asumió el gobierno municipal en octubre de 2021, heredó compromisos superiores a los 580 millones de pesos, producto de créditos adquiridos durante gobiernos anteriores del PRI y del PAN. Deudas que durante años representaron una pesada losa para las finanzas municipales y que limitaron recursos que pudieron haberse destinado a infraestructura, servicios públicos o programas sociales.
La salida fácil habría sido la de siempre: contratar nuevos créditos, refinanciar los existentes o simplemente trasladar el problema a quienes vinieran después. Es una práctica común en la política mexicana. Muchos gobiernos disfrutan el gasto y dejan las facturas a otros.
Pero en #NuevoLaredo se optó por una ruta distinta.
Mientras se realizaban obras, se fortalecían programas sociales, se impulsaban acciones en salud, educación y desarrollo urbano, también se fue reduciendo de manera constante el pasivo heredado. Una tarea poco popular porque pagar deudas no genera fotografías espectaculares ni ceremonias multitudinarias. Sin embargo, sí genera estabilidad financiera y mejores condiciones para el futuro.
Y ahí radica precisamente el fondo político del asunto.
La llamada Cuarta Transformación ha sostenido desde su origen que el dinero público debe administrarse bajo principios de austeridad, honestidad y eficiencia. Más allá de las simpatías o diferencias ideológicas que cada quien pueda tener respecto a este proyecto nacional, los resultados concretos son los que finalmente validan o desmienten cualquier narrativa.
En este caso, la posibilidad de alcanzar deuda cero representa un argumento difícil de ignorar.
Porque gobernar no consiste solamente en gastar recursos públicos; consiste también en administrar con responsabilidad, corregir errores heredados y construir condiciones para que las siguientes administraciones tengan mayores márgenes de acción.
Un municipio libre de deuda no significa únicamente números positivos en una cuenta pública. Significa mayores recursos disponibles para inversión futura, menos presión financiera, más capacidad de respuesta ante contingencias y una plataforma más sólida para impulsar el desarrollo económico y social.
Por eso la apuesta de Carmen Lilia Canturosas trasciende la coyuntura política.
Si la meta se cumple, no solamente podrá presumir obras, programas o acciones de gobierno. Podrá afirmar que recibió una ciudad endeudada y la entregó financieramente saneada. Y eso, en tiempos donde la deuda pública suele convertirse en herencia permanente para los ciudadanos, constituye un legado que pocos gobiernos municipales pueden exhibir.
La política suele medir el éxito por los votos. La historia, en cambio, suele medirlo por los resultados.
Y pagar las cuentas heredadas, mientras se sigue gobernando, también es una forma de transformar.
Hasta la próxima