Por La Libre.

Por Edelmira Cerecedo

Hay acciones de gobierno que generan aplausos por un día y titulares por unas horas. Y hay otras que, aunque no son espectaculares, tienen la capacidad de salvar una vida. La estrategia “Alojamiento Infantil Seguro” pertenece a este segundo grupo.
En tiempos donde la política suele medirse por obras visibles, resulta significativo que en Tamaulipas se esté colocando la mirada en quienes muchas veces no tienen voz para defenderse: las niñas, niños y adolescentes. La iniciativa presentada por la doctora María de Villarreal y respaldada por el gobernador Américo Villarreal Anaya busca que hoteles, autoridades y organismos internacionales trabajen coordinadamente para prevenir situaciones de abuso, explotación y trata infantil mediante protocolos de identificación, denuncia y atención oportuna.
Lo verdaderamente relevante no es el nombre de la estrategia ni el acto protocolario. Lo importante es el mensaje de fondo: la protección de la infancia deja de ser una responsabilidad exclusiva de las familias o de las instituciones especializadas para convertirse en una tarea colectiva. Cuando un recepcionista, un gerente de hotel o un trabajador turístico sabe identificar señales de riesgo y activar mecanismos de protección, se construye una red social mucho más fuerte que cualquier discurso político.
He sostenido durante años que el humanismo no se demuestra en las palabras sino en las prioridades. Y cuando un gobierno decide invertir tiempo, recursos y coordinación para proteger a quienes son más vulnerables, está enviando una señal clara sobre el tipo de sociedad que pretende construir.
No podemos ignorar una realidad incómoda. La movilidad turística, los grandes eventos internacionales y la condición fronteriza de estados como Tamaulipas también representan riesgos para la niñez. Organismos internacionales y autoridades han advertido que la explotación infantil y la trata de personas suelen encontrar oportunidades precisamente en contextos donde aumenta el flujo de visitantes. Por eso resulta relevante que la estrategia se adelante a los problemas en lugar de reaccionar cuando ya es demasiado tarde.
Quizá algunos vean en estos protocolos un simple requisito administrativo. Yo veo algo distinto: la decisión de poner el interés superior de la niñez por encima de la comodidad de los adultos. Y eso, en sí mismo, es un acto profundamente humanista.
La doctora María de Villarreal ha insistido en que el amor debe traducirse en acciones. Más allá de simpatías políticas, es difícil no coincidir con esa idea cuando hablamos de proteger a la infancia. Porque el amor social no se mide por los discursos que pronunciamos, sino por los riesgos que somos capaces de evitar.
Hoy Tamaulipas tiene la oportunidad de convertirse en referente nacional en materia de protección infantil. Pero más allá de reconocimientos o distintivos, el verdadero éxito será que una sola niña o un solo niño logre escapar de una situación de violencia gracias a esta red de protección.
Si eso ocurre, entonces el humanismo habrá dejado de ser una palabra bonita para convertirse en una realidad tangible.
Y pocas causas merecen más ese esfuerzo que la infancia.

UAT

La Universidad Autónoma de Tamaulipas vuelve a demostrar que la educación y la investigación pueden marcar la diferencia en los problemas reales del estado. Bajo el liderazgo del rector Dámaso Anaya Alvarado, la UAT está innovando con el uso de drones para combatir el avance del gusano barrenador, una estrategia pionera que coloca a Tamaulipas como referente nacional.
Es de reconocer el compromiso de la Universidad y el gran trabajo del rector, quien ha impulsado proyectos que no se quedan en las aulas, sino que llegan directamente al campo para apoyar a los productores y proteger la actividad ganadera. La UAT confirma así su papel como una institución cercana a la sociedad, generando soluciones con conocimiento, tecnología y visión de futuro.

La tarea

Entre licencias, regresos y silencios
Sin lugar a dudas, la obsesión por la llamada transformación parece haber llevado a algunos actores políticos a confundir el cambio con el rompimiento de amistades y el incumplimiento de compromisos.

El caso más reciente es el del primer regidor, Isaac Ayala, quien solicitó licencia para incorporarse al área de Deportes y, de manera sorpresiva, terminó regresando al Cabildo. ¿Qué ocurrió? Nadie lo explica. Nadie informa. Nadie da detalles.
Y como en el Cabildo parecen practicar aquello de «sordos, ciegos y mudos», la historia quedó envuelta en el misterio. Sin embargo, los rumores no tardaron en aparecer. Se comenta que al área de Deportes nunca le llegaron los recursos esperados y que, ante ese panorama, resultó más conveniente volver a la regiduría para seguir cumpliendo con la tarea de levantar la mano en las sesiones.

Pero el regreso dejó otra lectura política: reforzó las versiones de un aparente distanciamiento del primer síndico respecto al grupo político encabezado por Paty Chío y Rigoberto Rodríguez Rangel. Quien antes parecía conocer hasta la receta de ka vinagreta de la ensalada que prepara la presidenta y hornear los pastelitos con ella, ósea los más mínimos detalles de verdad como olvídarlo cuando lo presumió en una cena en casa de la hoy presidenta del círculo cercano al poder municipal, hoy ya no luce con la misma cercanía ni protagonismo.

Dicen que en política las coincidencias no existen. Y cuando los movimientos ocurren sin explicaciones, las especulaciones terminan ocupando el espacio que dejan los silencios…..Se los dejo de tarea.