La Comuna
José Ángel Solorio Martínez
Un observable fenómeno social está emergiendo en algunas ciudades de Tamaulipas. Es palpable y visible, cuando se visita esos sitios: la decadencia material -expuesta por la crisis en los servicios públicos- de ayuntamientos, provocada -en parte- por el desdén de los gobiernos a los cuales se les ha cancelado la oportunidad de reelegirse.
Este escenario se asemeja a la actitud de los alcaldes del viejo sistema político, que la sabiduría popular llamó el año de Hidalgo.
Unos porque ya sirvieron por dos periodos en la administración municipal; otros, ante la eventualidad de reformas legales que prohibirá la reelección.
Matamoros es una perla de esas.
Su jefe edilicio, Beto Ganados le perdió todo sentido a la política por el desgaste político propinado por sus críticos, que iniciaron la temprana demolición de su relampagueante carrera. Primero fue su relación con los poderes fácticos; luego, por su notable ineficiencia en el complicado entramado de poder en ese puerto fronterizo.
En San Fernando, la alcaldesa Verónica Aguirre de los Santos, es la responsable del drama que brota en la ciudad. La periferia, sufre un abandono total; las importantes -demográfica y socialmente- delegaciones como el poblado González Villarreal y el ejido Pancho Villa, se quejan continuamente de la poca atención que la cabecera municipal les brinda.
Patético: esas comunidades con frecuencia enfrentan la escasez de agua potable; y no se diga, de otras carencias en su infraestructura como encalichado, pavimentación, drenaje cuyas reparaciones tienen que salir para su financiamiento de los propios bolsillos de los usuarios.
Mante, sigue su en su proceso de declinación. La alcaldesa Paty Chío, junto a su asesor de cabecera Rigoberto Rodríguez continua con las políticas de rapiña de sus antecesores prianistas. Dicen bien en el pueblo: un primer desastre para los mantenses fue el cierre del Ingenio; el segundo, fue el arribo de Paty y Rigoberto a la alcaldía.
Por su parte el presidente municipal de Altamira, Armando Martínez Manriquez, no oculta su frustración por que obstruyeron la continuidad de su proyecto: pretendía dejar en la alcaldía a su esposa.
En dos periodos al frente del ayuntamiento, la única obra de relumbrón que realizó fue la avenida que reforestó al noreste de la ciudad. ¡Y vaya que tiene un presupuesto mayor que el de Tampico!
El caso más sorprendente es el de ciudad Madero. Erasmo González Robledo, se siente vulnerable, desprotegido. Está paralizado: en cualquier momento, las autoridades del país pueden llamarlo a rendir cuentas. Nadie en su sano juicio, piensa en su reelección. Hasta las regidoras panistas lo han agarrado de piñata.
En el puerto, Mónica Villarreal Anaya ya entregó su cuerpo al PAN. Los panistas se soban las manos ante el colapso del gobierno morenista. En mucho, es el desinterés por la cancelación de su futuro en el servicio público.
Pregunta al Congreso: ¿No sería saludable, llamar a sus suplentes?