El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez
El aspirante a la candidatura por la alcaldía de Ciudad Victoria por Movimiento Ciudadano, Juan José Salazar, emitió el siguiente mensaje:
“La experiencia de los últimos años nos ha dejado algo muy claro: no es un tema de colores, es un tema de personas. Hay que ver el historial en lo profesional y también en lo personal. Y siempre predicar con el ejemplo. ¡Excelente día para todos, ánimo!”.
Su comentario no podría ser más acertado en este momento de la historia política mexicana, cuando la sociedad exige que sus gobernantes, si bien no son palomitas blancas, al menos muestren el «síndrome de Layín».
Hilario Ramírez Villanueva, alias “Layín”, exalcalde de San Blas, Nayarit, se hizo famoso por admitir en un mitin lo que casi todos los presidentes municipales hacen: robar al erario. Su descarada frase quedó para la posteridad: “Robé, pero poquito, porque San Blas estaba pobre. ¡Que le robé a la presidencia! ¡Sí le robé, sí le robé! Pero poquito porque está bien pobre. Nomás una rasuradita, una rasuradita”.
Desde aquella confesión, Hilario ha pasado por diversas tormentas; fue arrestado por agredir a una mujer y posteriormente procesado por el delito de ejercicio abusivo de funciones debido a la venta irregular de un terreno municipal en San Blas, aunque evitó pisar la cárcel tras reparar el daño.
En el caso de Tamaulipas, lo peor es que los gobernantes no robaron «poquito». Aunque no existe una cifra real sobre el tamaño del saqueo, estos delitos permanecen impunes y sin señales de ser castigados.
Por ejemplo, el exgobernador Egidio Torre Cantú tiene pendiente aclarar el boquete financiero en el IPSSET, donde las cuotas cobradas a la burocracia desaparecieron y nunca llegaron al fondo de pensiones, poniendo en riesgo el retiro de los trabajadores.
La actual administración estatal tuvo que aplicar medidas desesperadas para rescatar al IPSSET. Aunque existe un expediente abierto que amenaza con la cárcel a varios de sus excolaboradores, Torre Cantú parece intocable; incluso se mantiene como un poderoso proveedor de bienes y servicios del actual gobierno morenista a través de contratos millonarios.
Otro exmandatario bajo la lupa es Francisco Javier García Cabeza de Vaca, quien arrastra más de ocho mil millones de pesos sin justificar ante las auditorías federales y estatales, configurando un presunto peculado. Adicionalmente, enfrenta una solicitud de extradición promovida formalmente por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Uno es priista y el otro panista, pero la corrupción no distingue colores. En el plano nacional destaca el caso del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, quien se encuentra separado de su cargo, con paradero desconocido y una reciente ficha roja de la Interpol en su contra.
Parece que la limpieza en Morena pretenden hacerla desde adentro, con la nueva presidenta nacional del partido, Ariadna Montiel Reyes, que fija como condición innegociable que para los comicios de 2027 todos los candidatos cuenten con una trayectoria impecable, un filtro al que ahora se le suma el candado contra el nepotismo.
Coincidimos en que la corrupción es una cuestión de personas, pero también de partidos. Las instituciones políticas no pueden seguir equivocándose al seleccionar a sus perfiles, porque los únicos perjudicados son los ciudadanos, gobernados por personajes sin escrúpulos que superan por mucho el cinismo de “Layín”.
Es momento de cambiar. Los partidos tienen la llave para mejorar el panorama evitando a personajes con pasados borrascosos como Cabeza de Vaca —asociado desde sus inicios con el robo de armas— o Egidio Torre, quien, a pesar de no tener antecedentes oscuros, terminó su gestión completamente manchado por el saqueo.
Por su parte, el rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Dámaso Anaya Alvarado, presidió la firma del convenio de revisión salarial correspondiente al año 2026 con el Sindicato Único de Trabajadores de la UAT (SUTUAT).
“Este acto representa mucho más que un acuerdo laboral, representa diálogo, confianza y la voluntad compartida de seguir avanzando juntos”, expresó el rector luego de firmar el acuerdo con el secretario general estatal del SUTUAT, Eduardo Serna Tristán y el secretario de Trabajo y Conflictos del Sindicato, Francisco Alejandro García Eliseo.
La tranquilidad laboral es el vital para el avance de cualquier institución.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
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