CRÓNICA:

*Su obra se exhibe en la Casa de la Cultura de Buenos Aires capital, célebre por su devoción a figuras como Jorge Luis Borges y Julio Cortázar.

Por Julio Manuel Loya Guzmán
Cd. Victoria, Tamaulipas. —Detrás de la inmediatez y el ritmo áspero de la nota diaria que exige el periodismo, existe un espacio más silencioso y persistente. Enrique Jonguitud Blanco recorrió durante décadas las redacciones de prensa escrita, radio y televisión en tres estados del país cubriendo la realidad diaria; sin embargo, en la intimidad de la escritura, cultivaba la poesía.

Hoy, esa obra plasmada en su libro «Los días donde no estamos» —escrito como un canto crudo sobre la ausencia, la distancia física y el aislamiento en el norte de México— trascendió fronteras y se integró al acervo de la Casa de la Cultura de Buenos Aires, Argentina, una de las capitales con mayor tradición literaria en América Latina.

El poemario, editado por el Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes (ITCA), reposa ahora en los estantes de un edificio histórico del barrio de Monserrat, inmueble de arquitectura monumental de principios del siglo XX que durante décadas albergó al influyente diario argentino La Prensa.

VERSOS DESDE LA FRONTERA
La escena posee una dimensión improbable: versos nacidos en una región marcada por el rigor del calor extremo, la frontera y la inseguridad cotidiana, descansan hoy en las bibliotecas de una capital célebre por su devoción a figuras como Jorge Luis Borges y Julio Cortázar.

En esta obra, Jonguitud Blanco aborda el impacto del entorno adverso a través de sus consecuencias emocionales, el vacío y el paisaje modificado. Como periodista que habita en Tamaulipas, su mirada elude el estruendo y se concentra en lo profundo.

La hostilidad se manifiesta en el poemario no mediante la narrativa explícita del conflicto de la zona fronteriza, sino a través del desgaste y el despojo de la cotidianidad. El autor retrata el miedo expresado en la huida y el cansancio, obligando a las personas al destierro o al éxodo.

En versos como «drenaste tu cansancio obrero / tus pasos campesinos / huyendo te detienes / y los mismos dolores te laceran», se hace evidente la migración forzada y el dolor sistémico de quienes escapan de entornos hostiles.

Esa realidad deja pueblos vacíos y familias incompletas, construyendo una atmósfera de desolación habitada por «fantasmas con ojos secos». El trauma social se describe desde un silencio pesado, la desesperanza y una sequía de afectos.

Aquí, el territorio herido funciona como una metáfora del cuerpo; el paisaje árido y el desierto reflejan una sociedad vulnerable donde los espacios públicos se han transformado en zonas inhóspitas. Así, el dolor crónico se normaliza y transforma la identidad del habitante norteño, quien mantiene un anhelo constante por regresar a su origen.

DEL OFICIO A LA LÍRICA
Para Jonguitud, de 59 años, este reconocimiento internacional ocurre tras décadas dedicadas formalmente al periodismo. Nacido en Poza Rica, Veracruz, en 1967, y formado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Nuevo León, inició su carrera en 1988 en el diario El Porvenir, el ABC en Monterrey. Posteriormente colaboró en Uno Más Uno en la Ciudad de México, además de participar en medios electrónicos y televisión pública.

En 2004 se estableció en Ciudad Victoria, Tamaulipas, donde consolidó su trayectoria profesional, trabajando para medios que él recuerda con mucho cariño especialmente al portal Centro Noticias Tamaulipas (CNT). Hoy colabora con «Grupo Nota Tamaulipas», «Noticias de Tampico». «El Reportero.mx»entre otros. Fue corresponsal de Enfoque Noticias y actualmente dirije su portal «Portátil. Mx».

La literatura formal apareció en su madurez. Fue en 2014 cuando Jonguitud Blanco comenzó a integrarse en talleres de escritura creativa, lo que derivó en la publicación, seis años después, de «Los días donde no estamos». Su producción posterior abarca la literatura infantil, la dramaturgia y la narrativa breve, con títulos como Todos juntos, El maravilloso señor Moon y Tres cartas del Rey.

La incorporación de sus libros al acervo bonaerense coincide con un momento clave de su carrera. Actualmente, desarrolla el proyecto Somos lo que habitamos: bitácora poética de la Villa de Aguayo, respaldado por el Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) de Tamaulipas, una investigación lírica sobre la identidad urbana y la transformación histórica de Ciudad Victoria.

PUENTES EN LA PERIFERIA
En el contexto internacional, la presencia de estas obras adquiere un valor simbólico que va más allá de la donación bibliográfica; representa la inserción de nuevas voces hispanoamericanas en espacios históricamente dominados por los grandes centros culturales del continente.

Para el lector argentino, estos poemas ofrecen una mirada de México alejada del imaginario turístico convencional, conectada con la experiencia de las ciudades periféricas y las memorias provinciales.

Tamaulipas, una región habitualmente vinculada en la agenda nacional a las notas de seguridad, el episodio abre una narrativa distinta: la de sus creadores que producen obra desde la periferia.

Y hoy, lejos del noreste mexicano, su libro permanece en los estantes porteños, hablando en español sobre la ausencia, el territorio y la memoria, consolidando un puente cultural definitivo entre México y Argentina.