Reflector/Gilda R. Terán.
Brillando con luz propia, un adolescente que creció en familias de amantes de las bellas
artes, para deleitar con sus proezas del teclado, justamente cautivará con el máximo
concierto FUSION.
Es así que Mateo Hurtado Castillo, un niño con raíces de Tamaulipas, hará un viaje al
pasado por la música de piano, de géneros de jazz, música clásica, Avant-Garde y temas
latinoamericanos, este próximo 6 de junio, a las 19 horas, en el Auditorio Alberto López,
del Centro Cultural Tamaulipas.
Con estas tareas de difundir el talento de artistas, el Gobierno del Estado, a través del
ITCA,
Promueve intensamente la cultura, en todas sus facetas, esto es para empoderar a quienes
contribuyen con sus talentos de las bellas artes.
Y la historia, del prodigioso pianista, todo empezó cuando a la edad de 4 años el pequeño
Mateo ya retumbaba el teclado con las notas musicales en su casa, deleitando a quienes lo
escuchaban, y tenía que ser así, ya que sus padres son reconocidos concertistas.
Este adolescente pianista, tiene raíces artísticas de sus abuelos, y son los maestros de bellas
artes Don Chava Castillo, (QEPD) y la pintora Olivia Malibrán, quienes heredaron sus
talentos a sus generaciones.
Pero le cuento que Mateo es multifacético en este asunto de las bellas artes, no solo
domina a la perfección el teclado, sino que sobresale en temas como de escultura, pintura,
y elaboración de bocetos.
Y esta habilidad la adquirió desde a una corta edad pues se extasiaba ver el modelado y el
trabajo con el barro de don Chava Castillo su abuelo materno y la vez su instructor en estas
artes plásticas.
Tiene habilidad para cautivar con la música clásica como la Sonata en Do Mayor L.104 del
compositor barroco Domenico Scarlatti, el primer movimiento de la Sonata No.1 de L.V.
Beethoven, así como la Fantasía-Impromptu de Fréderic Chopin, y Malambo del Argentino
Alberto Ginastera.
Además, a este pequeño concertista le seducen las letras, es un devorador de libros, otra de
sus pasiones es la lectura impresa, ha encontrado la magia de las letras plasmadas para
deleitarse y cultivar su acervo cultural, en hora buena Mateo.
“LA MÚSICA, MEDICINA PARA EL ALMA”.
Cuánta razón, tenía el filósofo Platón, con su máxima sobre la música, y es que en estas
artes se destaca esta disciplina, porque fortalece la estructura necesaria para llevar a cabo
procesos, genera en nosotros la constancia y la necesidad de concluir tareas, ya que ayuda a
desarrollar el hábito de terminar lo que empezamos.
También infunde tolerancia y paciencia, virtudes que cada día se vuelven escasas en nuestra
sociedad, también nos enseña a controlar la frustración, a fortalecer la voluntad, a valorar el
esfuerzo necesario para alcanzar nuestros objetivos.
Y es que los seres humanos convivimos con la música en todo momento, es un arte que nos
hace disfrutar de tiempos placenteros, nos estimula a recordar hechos del pasado, nos hace
compartir emociones en canciones grupales, conciertos o tribunas deportivas.
Pero eso que resulta por demás natural, que se produzca sorprendentes mecanismos
neuronales, es por eso que desde las neurociencias nos hacemos muchas veces esta
pregunta: ¿qué le hace la música a nuestro cerebro?
Verá usted, escuchamos música desde la cuna o, incluso, en el período de gestación, los
bebés, en los primeros meses de vida, tienen la capacidad de responder a melodías antes
que a una comunicación verbal de sus padres.
Y es que el efecto tonificador de los sonidos musicales suaves los relaja, se sabe, por
ejemplo, que niños prematuros que no pueden dormir; son beneficiados por los latidos de la
madre o sonidos que los imitan.
Además, está considerada entre los elementos que causan más placer en la vida, libera
dopamina en el cerebro, proporcionando etapas placenteras de bienestar, en donde se
impulsa la creatividad.
Hasta la próxima.
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