ANECDOTARIO.
POR JAVIER ROSALES ORTIZ.
Personalmente no lo conozco, pero captó mi atención su capacidad para
hablar, para escribir y su emoción casi a punto de la lágrima cuando se
despidió del escenario, ese lugar que le permitió colaborar con su grano de
arena en una de las instituciones universitarias más cotizadas de México.
Y es que 39 fueron los años que habitó en esa casa de colores naranja y azul
que ha puesto el nombre de Tamaulipas en los primeros lugares, la que hoy
abandona luego de la experiencia acumulada que hizo que nunca apartara
de su rostro la sonrisa característica de todo aquel que se siente orgulloso
del trabajo desarrollado en bien de la comunidad universitaria.
Y sí, fueron casi cuatro décadas de sudor, de estudios, de adaptación que se
deben presumir en cualquier persona que busca más y lo logra, porque el
reto siempre está de frente.
Ya inició el su etapa de jubilación y fue en la Dirección de Mantenimiento
donde se integró como trabajador, donde dio sus primeros pasos para
escalar años después un lugar como personal docente, que lo facultó para
compartir sus conocimientos si, con ellos, con los universitarios.
El, inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Tamaulipas en Valle
Hermoso, Tamaulipas, y se abrió poco a poco camino, por lo que no tiene
nada más que agradecimiento para la Dirección de Estudios y para la
Secretaria Académica que creyeron en lo suyo y en lo que él vale como
docente.
Palabras más, palabras menos, este personaje está también muy
agradecido con sus compañeros de labor, quienes con las puertas abiertas
siempre lo apoyaron y lo guiaron por el buen camino que un universitario
debe pisar.
No habla que tuvo que esquivar abrojos para evitar que le provoquen
dolor, sino que, por el contrario el camino que siguió fue libre y repleto de
buenas experiencias.
Aclaro, que todos estos términos que aquí uso fueron escritos y publicados
en las redes sociales por el profesor Emilio Zúñiga Mireles, quien señala que
su ciclo está cumplido y que su agradecimiento también se extiende hacia la
Dirección de Estudios de Posgrado, que bien hizo lo suyo.
Además, califica su aventura universitaria como un camino hacia el
aprendizaje y con fotos y videos para sazonar su nota de despedida, quiere,
desea, suplica que se entienda que hay un luga para todos en la Máxima
Casa de Estudios de Tamaulipas, que hoy conduce el Doctor Dámaso Anaya
Alvarado.
En el material fotográfico Zúñiga Mireles es acompañado por sus buenos
amigos trabajadores de la UAT y por un mariachi que en las instalaciones de
la UAT que lo despiden con cariño y admiración.
Repito, no lo conozco, pero para cualquier ciudadano tener un amigo así,
vale oro.
Adiós Don Emilio. Misión cumplida.
Correo electrónico: té[email protected]