Palabras libres
Frente al profundo dolor social que estamos viviendo desde hace décadas y ante la confrontación sin freno entre unos y otros, cada ciclo electoral se nos presenta como una oportunidad de nueva esperanza.
Desde hace tiempo anhelamos un entorno digno: ciudades de calidad, como tantas veces se han ofrecido en las campañas, seguridad, freno a la corrupción y bienestar compartido. Ahora, nuevamente comienzan a salir a las calles del campo y la ciudad, quienes buscan representarnos para ofrecernos un horizonte, casi el paraíso, ofreciendo solucionar todo.
Con todo respeto hay que decir que la verdadera transformación, el verdadero cambio social, no nace de discursos bonitos, ni de promesas plasmadas por ambiciosos, sino de una integridad y vocación reconocidas, de trayectorias ejemplares en el servicio, y de esto estamos escasos.
Para construir una realidad distinta, verdaderamente humanista, digna para todos, se requiere reconstruirnos en la ética, en la honestidad y el respeto a la vida del otro. Necesitamos construir el alma social más humana.
La renovación, la recuperación de la ética en nuestras instituciones y en la vida pública es el más grande desafío que tenemos para recuperar lo humano.
Mientras tanto dejo aquí una síntesis, retrato, que expresa la situación que desde hace décadas estamos viviendo.
“Tiende la historia de forma natural a repetirse, pues la mayoría de las personas que la hacen son, paradójicamente, siempre otras y las mismas. Otras, porque cambian sus rostros y sus nombres; las mismas, porque el cúmulo de las pasiones que las anima a todas permanece inalterado, es siempre el mismo: la ambición y pasión por el poder que tanto dolor social ocasionan”.
Buen día.