El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez
Morena nació sin un manual de identidad, pues vio la luz con un montón de sueños idílicos, pero con un solo objetivo pragmático: ganar la presidencia de la República a como diera lugar, tal cual lo diseñó su creador, ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR.
El movimiento arrancó con muchos planes, pero sin un solo reglamento; la consigna era clara: tejer una red de apoyo que el tabasqueño alimentó recorriendo el país, acompañado al principio por unos cuantos fieles de hueso colorado que lo seguían con honestidad ciega.
Sin embargo, el mesías tropical pronto descubrió que la pureza no da votos suficientes para tomar Palacio Nacional, entendió que sí quería ganar, debía pactar con el diablo.
Fue ahí cuando abrió las puertas de par en par a lo peor del priismo, el panismo, el petismo y el ecologismo, construyendo una red de complicidades políticas y económicas donde la única regla era sumar lo que fuera, viniera de donde viniera.
De aquellos morenistas de la primera horda, los románticos que gastaron suela desde el inicio, ya no queda nadie; la mayoría se perdió en el camino y los menos alcanzaron una migaja de poder.
En su lugar, las candidaturas estelares fueron entregadas a sujetos sin escrúpulos, personajes manchados y deshonestos que, al arribar al presupuesto, se engolosinaron de inmediato.
Las historias de nuevos ricos brotan por todo el país, pero el verdadero drama comenzó cuando decidieron servir al crimen organizado, por lo que hoy pagan las consecuencias: tenemos a un gobernador con licencia desaparecido, una casa balaceada y a un RUBÉN ROCHA MOYA escondido, custodiado por una 4T que se niega a entregarlo a pesar de la orden de extradición dictada por los Estados Unidos.
ROCHA MOYA no es el único político guinda con la guillotina estadounidense sobre el cuello; hay varios más caminando con los ojos vendados por la cuerda floja, empujados por la espada del Tío Sam.
Morena nunca tuvo la decencia de depurar sus cuadros; solo les interesaba devorar urnas y hoy pagan las facturas con expedientes abiertos en las cortes norteamericanas, visas revocadas y la amenaza permanente de una celda en el extranjero.
Apenas ahora, con el agua hasta el cuello, los altos mandos intentan definir sus reglas, con la presidenta CLAUDIA SHEINBAUM PARDO exigiendo renuncias a los funcionarios que aspiren a una candidatura, pero hasta la fecha nadie suelta el hueso; saben perfectamente que sin el calor de la nómina y el dinero público no son absolutamente nadie.
Por su parte, la nueva lideresa, ARIADNA MONTIEL REYES, se sacó de la manga la regla de la “trayectoria impecable”, una utopía que pone las cosas de color hormiga en un partido donde no hay un solo político limpio. Podrá haber algunos con menos lodo en las uñas, pero blancos como la nieve no se ven por ningún lado.
Morena por fin esboza su manual de operaciones, pero habrá que ver si tienen el valor de cumplir sus propias normas; de lo contrario, el destino final de sus prominentes figuras no será la consolidación de la transformación, sino vestir el uniforme naranja fosforescente de las prisiones federales americanas.
Al menos así, unificados por el color del presidio, encontrarán el punto de coincidencia y la identidad que jamás tuvieron en su fundación.
Mientras que en el Congreso Local se aprobó la iniciativa presentada a propuesta de su Presidente, HUMBERTO PRIETO HERRERA, para posponer la comparecencia de la Secretaria de Salud del Estado, en el entendido de que dado su reciente nombramiento aún no finaliza el proceso de entrega recepción conforme a la glosa legislativa que ahora se realiza.
La Secretaria, ADRIANA MARCELA HERNÁNDEZ CAMPOS, unos días después de recibir el nombramiento para el cargo de parte del Gobernador AMÉRIO VILLARREALL ANAYA, fue originalmente convocada en el rol de todos los integrantes del gabinete, para asistir al Congreso, a ampliar la información sobre el informe gubernamental, el próximo lunes 18 de mayo, a partir de las 12:00 horas, ante la Comisión Legislativa de Salud.
No obstante, la titular de salud estatal aún se encuentra dentro del periodo de 90 días, otorgado por la ley anterior para el proceso de entrega-recepción vigente al momento del inicio de este acto, considerando que la Secretaría de Salud es una institución demandante, amplia y compleja.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
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