EL ORACULO // Por MARCELINO García Contreras.
Como focas –hoy- los políticos invierten en encuestas y aplausos.
Pero el voto del ciudadano, siempre ha sido más poderoso que cualquier aplauso o encuesta.
Hay alcaldes que gustan del aplauso vano y la encuesta comprada
Y eso dice el ciudadano de a pie, ese que no está acostumbrado a aplaudir como una foca –adiestrada- por que la decisión de votar, no aplaude …simplemente decide.
Hay una frase muy vieja “el que paga manda”, o convertir la democracia –encuestada- en espectáculo.
Y es que como en los viejos tiempos los políticos como el alcalde de Ciudad Madero, Erasmo González Robledo, sigue pagando por aplausos, por porras que inflan egos, esas compras con dinero público tienen fecha de caducidad, porque el presupuesto se acaba.
La percepción del ciudadano, hoy por hoy en Ciudad Madero, es otra Erasmo González Robledo está mal calificado, aunque intente –comprar- perfeccionar la vieja técnica del aplausómetro o de la encuesta y las porras sincronizadas.
Esos –alcaldes- mediocres políticos que presumen encuestas como radiografías de buenos número, solamente las usan o las obtienen como instrumentos de propaganda, porque el sabio pueblo sabe que esas encuestas se contratan – con recurso público- para intentar distorsionar el verdadero sentir del pueblo, se difunden ajustadas, más claro se pagan para que el – político mediocre- cliente escuche o se plasme lo que él quiere.
Hoy esas encuestas infladas, las publican en las redes y en los medios, por lo que queda claro que no miden convicción popular, si no que miden el presupuesto.
Voto o transacción.
En esto de encuestas y aplauso, son estrategias que se organizan, se alimentan, como cuando en las elecciones compran los votos, para mal gobernar a una ciudad con hambre y sed de progreso.
Ciudad Madero en Tamaulipas, es un ejemplo muy claro.
EL 2027: LA FIESTA NO ES PARA SIEMPRE…
Sin dudarlo, hay que decirlo, hay mucho que hacer antes de que se instalen las urnas.
Los parásitos políticos andan embriagados de soberbia, ciegos y sordos, comprando aplausos de agrupaciones civiles y pegándole a los rivales de la política, pero el deterioro de los funcionarios, alcaldes y legisladores está siendo que sean los peor calificados por los ciudadanos
Pero el pueblo real —el que no sale en la foto, el que no responde encuestas pagadas— observa en silencio, y ese silencio, cuando se convierte en voto, suele ser mucho más poderoso que cualquier aplauso.
Porque al final, en democracia, las encuestas orientan… pero el ánimo popular sentencia.