El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez

Salió sin raspones, limpio de una comparecencia que ya se sabía no sería terreno minado, pues cuando hay resultados que informar, no hay necesidad de esconderse en las sombras de las comisiones ni de platicar en lo oscurito con un puñado de diputados cómplices.

El contraste es brutal: a los secretarios más débiles o con las manos manchadas de corrupción, simplemente se les envió a «comisiones», donde es más fácil taparle no uno, sino los dos ojos al macho para evitar preguntas incómodas sobre venta de plazas, desvío de recursos o la anemia económica que asfixia a la entidad.

El turno al bate fue para el Secretario de Educación de Tamaulipas, MIGUEL ÁNGEL VALDEZ GARCÍA, quien se plantó en el pleno para dar cuenta de un monstruo de mil cabezas: un sistema con más de un millón de estudiantes y 55 mil maestros.

La educación es, históricamente, la olla de presión que le explota en la cara a los gobernantes que no saben leer el pulso del magisterio, como MANUEL CAVAZOS LERMA nunca lo entendió y terminó con el Palacio casi incendiado por maestros que exigían dignidad a punta de protestas.

En esta administración, la soga estuvo a punto de reventar de nuevo. La ex titular de la SET, LUCÍA AIMÉ CASTILLO, tensó de más la cuerda con una mezcla de grosería hacia los docentes y otros pecados administrativos.

Su incapacidad para dialogar con la Sección 30 del SNTE provocó la toma de las oficinas en la calzada Luis Caballero y paralizó el estado, por lo que, como otras veces, AMÉRICO VILLARREAL tuvo que bajar personalmente al campamento de los paristas para apagar el fuego.

Fue una apuesta de riesgo; el gobernador mantuvo a LUCÍA AÍME en el gabinete, no por su eficiencia —que era nula—, sino para no ceder ante lo que consideró un chantaje, en una pura señal de poder autoritario.

Sin embargo, el cambio era inevitable, con el sacrificio de la pieza fue necesario y la jugada recayó en el maestro VALDEZ GARCÍA, quien hasta ahora logró lo que parecía imposible: manejar la dependencia sin escándalos mediáticos y con una agenda estratégica que, al menos en el papel, muestra avances reales.

Desde la instalación del IPN en modalidad virtual hasta la inversión de 827 millones en infraestructura, los números parecen cuadrar.

Los diputados, en una pasarela inusualmente ordenada, escucharon y aplaudieron: desde YURIRIA ITURBE (Morena) reconociendo la inclusión, hasta la priista Paloma Guillén pidiendo transparencia, y el panista PEPE SCHEKAIBÁN cuestionando la seguridad escolar.

Todos participaron en una sesión que, a diferencia de otras, no olió a complicidad, sino a rendición de cuentas.

La SET parece haber pasado de ser un lastre a convertirse en un aliado de la 4T. No obstante, en política no hay limpieza absoluta. El cambio de titular fue un acierto, pero los enemigos del proyecto oficial siguen agazapados, esperando el menor descuido.

En tiempos de campaña nadie sale impoluto y, cuando los tiempos electorales arrecien, los escándalos brotarán incluso debajo de las piedras de la Calzada.

Por ahora, VALDEZ GARCÍA pasó la prueba, pero en el cierre de sexenio no hay lugar para el descanso. Los errores se pagan caros y el magisterio tiene la memoria muy larga.

Si Morena necesita un candidato a diputado, pues deben voltear a la Calzada.

Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…

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