Palabras libres

Por Edgar Joel Yépez Ibarra

Para el humanista auténtico la vida de todos es valiosa, y siente el dolor de lo que le pasa a todo ser sin distingos de nada.

El humanista no sacrifica la seguridad, ni la salud, la vida, nada que cause dolor, por privilegiar la ambición de apropiarse de los tesoros institucionales, tan solo para acumular fortuna personal y sentir grandeza, porque sabe que eso conduce al atraso social y refleja precariedad humana.

El político humanista es quien protege la dignidad humana, no quien se pone la máscara de “buena persona” para engañar y convertir el tesoro público en propiedad privada. La verdadera transformación social ha de sustentarse en la fortaleza ética, en la educación y en la cultura, por lo que tenemos que insistir en que por las venas institucionales transiten personas preparadas y con estatura ética y moral, y no seres dominados por delirios de grandeza y ambiciones personales. Si hay personas honestas y preparadas en la administración pública, pero hay que llenar todos los espacios con estas características.

Entendamos que cuando se garantiza la seguridad y la justicia, el progreso surge de forma natural. Es decir el crecimiento económico real y la inversión se asientan y crecen para dar vida a la sociedad. El progreso social ha de venir como consecuencia de un entorno donde se defiende la vida, impera la seguridad y se aplica la justicia por igual sin distingos de colores.

Por tanto la paz, el progreso y la transformación social han de llegar cuando la aplicación de la ley sea pareja y la esencia de la ética domine en todas las áreas del quehacer público. Se sigue en deuda.

Buen día