Columna: Contraespejo

Por: Karla Pérez

H. Matamoros Tamaulipas a 20 de abril de 2026.- La detención en Brownsville Texas de Luis Miguel Garduño Castañeda, encendió no solo alertas legales en Estados Unidos, sino también una oleada informativa que, lejos de esclarecer, terminó por distorsionar.

En cuestión de horas, su nombre fue vinculado directamente con la actual administración municipal de Matamoros, colocándolo como un funcionario en activo, sin embargo, los datos oficiales cuentan otra historia: Garduño causó baja en diciembre de 2025 por abandono de trabajo y el 8 de enero de 2026 firmó su finiquito, cerrando formalmente cualquier relación laboral con el Ayuntamiento de Matamoros.

El detalle no es menor, es de hecho, el eje del debate y a pesar de ello, la narrativa ya había tomado forma, una narrativa que, según el propio alcalde José Alberto “Beto” Granados Favila, tiene un objetivo claro: desprestigiar a su administración.

Durante Matamoros Informa, el edil fue directo: «Ya no saben cómo pegarnos; buscan desprestigiarnos”.
Y fue más allá, recordó que el municipio cuenta con una plantilla aproximada de 3 mil 500 trabajadores, y subrayó un principio básico que, en medio del ruido, parece olvidarse: ninguna administración puede ser responsable de los actos individuales fuera del ámbito laboral, y menos aún de quien ya no forma parte de ella. “Más aún cuando esta persona ya ni siquiera trabaja en el municipio”, puntualizó.

Porque una cosa es la gravedad de un caso que hoy enfrenta un proceso en otro país, y otra muy distinta es forzar su vínculo con una estructura gubernamental de la que esa persona ya no formaba parte, pues sd confirmo de manera oficial que el trabajaba para la empresa Charlie Clark Nissan.

El propio alcalde Beto Granados advirtió que no se descartan acciones legales contra publicaciones que calificó como amarillistas, al considerar que se tomó la información de manera equivocada, privilegiando el impacto sobre la precisión.

En un entorno donde la inmediatez domina, la verificación parece haberse vuelto opcional, pero cuando la información incompleta se repite lo suficiente, deja de ser un descuido y comienza a moldear percepción pública.
Mientras tanto, la administración sigue en marcha.
“Nosotros estamos firmes con la chamba y no nos vamos a cansar”, afirmó Granados, en un mensaje que busca contrarrestar no solo la crítica, sino la narrativa que intenta instalarse.

El caso Garduño, más allá de su dimensión legal, deja una reflexión inevitable: las acciones de cada individuo son responsabilidad exclusiva de quien las comete. Pretender trasladar esa carga a una institución o a una administración completa no solo es impreciso, sino que distorsiona la realidad ningún gobierno puede responder por decisiones personales, y menos aún cuando quien las toma ya no forma parte de su estructura.

En medio del ruido mediático, los hechos deben juzgarse con claridad, pero también con justicia. Porque cuando se diluye la responsabilidad individual, se abre la puerta a interpretaciones que poco tienen que ver con la verdad.

En el mundo que gira y gira, nada es lo que parece