Por Agustin Peña Cruz
Ciudad Altamira, Tamps.- Una crisis ecológica provocada por la intrusión de agua
salada en el sistema lagunario que preocupó hace unas semanas a los ciudadanos
del sur de Tamaulipas, luego de que al menos dos toneladas y media de peces
murieran en cuestión de días. El alcalde de Altamira, Armando Martínez Manríquez
sostuvo que la rápida intervención interinstitucional permitió contener los efectos
inmediatos, aunque advirtió que el problema de fondo persiste: la manipulación
indebida de las esclusas.
“El fenómeno se dio por la entrada de agua salada al sistema lagunario, lo que
afectó una gran cantidad de peces”, explicó el edil, al descartar versiones que
atribuían el incidente a contaminación industrial o petrolera. “No es un tema de
calidad del agua, es un tema de salinidad”, indicó.
La respuesta, detalló, fue inmediata tras una solicitud de la Comisión Nacional del
Agua (Conagua). Con maquinaria pesada, personal de la Comisión Municipal de
Agua Potable y Alcantarillado (COMAPA) y brigadas del Ayuntamiento, se realizó la
recolección y disposición sanitaria de los restos. “Se hizo la sepultura de todos los
peces en una fosa con cal para evitar cualquier foco de infección”, señaló. Horas
después, un sobrevuelo con drones confirmó la limpieza de la zona afectada.
Martínez Manríquez estimó que fueron retiradas “dos toneladas y media de
pescado”, en una operación que, dijo, no habría sido posible sin la capacidad
operativa local. “Conagua no cuenta con el equipo que tenemos en el Ayuntamiento
y en Comapa, por eso apoyamos de manera inmediata”, añadió.
Pese a que el evento ha sido controlado, el alcalde reconoció que la solución
definitiva depende de la rehabilitación integral de las esclusas que regulan el flujo
hídrico. “Se tienen que reparar al cien por ciento para evitar que vuelva a entrar
agua salada”, afirmó. Sin embargo, introdujo un elemento crítico: la intervención
humana.
“El problema es que los mismos vecinos o pescadores las abren o las violentan para
tener más producción, pero a la larga afecta”, dijo. “Lo acabamos de ver: no les
beneficia, les perjudica”.
Insistió, es a la corresponsabilidad social. “Tenemos que generar conciencia
ciudadana. Manipular las esclusas daña el ecosistema y también la economía local”,
enfatizó, al referirse a comunidades cercanas donde estas prácticas han sido
recurrentes.