Rutinas y quimeras
Clara García Sáenz

El ejido Celaya en el municipio de El Mante es tal vez el ejemplo más emblemático del
trabajo comunitario en defensa de su patrimonio cultural en Tamaulipas, ya en otras
ocasiones he hablado en este espacio de su heroica defensa realizada para evitar que
las autoridades estatales se llevaran del ejido el monolito del Señor del Inframundo
“Ajhactictamzemlab” y cómo esa acción ha llevado a desarrollar un museo comunitario
que es ejemplo en el estado.
He tenido la fortuna de visitar Celaya en repetidas ocasiones y de llevar alumnos
a que conozcan el museo, para tal vez la mayor fortuna ha sido conocer a Eunice y
todo el equipo de mujeres que han sido capaces de organizarse, comprometerse y
servir para beneficio de la comunidad.
Quien tenga oportunidad de tratar a estas extraordinarias mujeres notará el gran
orgullo que sienten por su terruño, por su historia, por los antepasados que habitaron
esas tierras, así como la responsabilidad que sienten para preservar, conservar y
difundir ese pasado.
Ellas cuentan que antes del hallazgo de Ajhactictamzemlab, era común que la
gente de la comunidad cuando encontraba alguna figurilla prehispánica en los campos
de cultivo, se la llevará a El Mante para venderla; sin embargo, ahora, después de
resistirse a que se llevaran el monolito, los habitantes de la región empezaron a
enriquecer el espacio donde tenían el Señor del inframundo (Ajhactictamzemlab).

A partir de ahí han pasado 20 años donde la región temporalera fue reforzando
sus referentes identitarios hasta sentirse orgullosos de su pasado huasteco y
llamándose tierra de dioses, dando paso a otras formas de organización siendo la
cultura parte de su día a día.
Ha desarrollado por ejemplo un tianguis regional donde cada semana, los
habitantes de las comunidades aledañas asisten a Celaya a vender sus productos, ya
se trate de manualidades, artesanías, gastronomía, dulces artesanales o productos
agrícolas, también impulsaron la realización de murales para embellecer la plaza
principal y el museo y recientemente acaban de colocar un arco de metal sobre la
carretera para darle la bienvenida a los visitantes, decorándolo con ingeniosos dibujos
de la riqueza del lugar.
Este año pude asistir a la fiesta que realizan por el equinoccio de la primavera,
en una idea muy original, estuvimos dentro de un gran sembradío de sorgo, porque el
INAH les ha prohibido hacer esta celebración en sus propios cues, los cuales ellos
descubrieron, pero no pueden ni acercarse porque la autoridad no los deja, pero
tampoco manda a sus expertos a hacer exploración e investigación de estos.
Eunice y su grupo de señoras organizaron el evento donde hubo venta de
artesanía, agua, pasteles, dulces, botanas, tamales, etcétera, participando cerca de 10
comunidades aledañas, en un ambiente de fiesta. Y aunque estuvieron representantes
del municipio, la celebración se realizó gracias al empeño, entusiasmo y organización
de la comunidad, dejando testimonio de que cuando un grupo encuentra su fuerza
identitaria es capaz de trascender más allá de los propósitos políticos de las

autoridades. Felicidades a las mujeres del ejido Celaya. E-mail:
[email protected]