Por Agustin Peña Cruz
Tampico, Tamps.- El encarecimiento sostenido de insumos básicos comienza a
presionar con mayor fuerza a la industria restaurantera en el sur de Tamaulipas, un
sector caracterizado por márgenes estrechos y una alta sensibilidad a las
variaciones de precios. Así lo advierte el empresario Rodrigo Azcárraga Salazar,
quien plantea una respuesta que se aleja de los ajustes automáticos al consumidor:
innovación en la cocina, eficiencia operativa y fortalecimiento del consumo local.
“Es una industria en donde cada centavo cuenta y es muy sensible al cambio en los
precios”, afirma Azcárraga Salazar, al reconocer que productos esenciales como la
tortilla anticipan nuevos incrementos. Aunque no precisa una cifra global del
impacto, subraya que la afectación varía según el concepto de cada
establecimiento, lo que obliga a respuestas diferenciadas en un entorno económico
incierto.
Lejos de trasladar el aumento de costos de forma inmediata al comensal, el
empresario sostiene que la clave está en la adaptación. “Tenemos que ser creativos
y seguir trabajando”, señala, al tiempo que enfatiza la necesidad de mantener la
satisfacción del cliente como eje central. En su visión, el reto consiste en lograr “que
el comensal quede contento con un platillo que lo deje satisfecho y que no utilice
insumos muy caros”.
Este enfoque implica, en la práctica, rediseñar menús, ajustar porciones o sustituir
ingredientes sin comprometer la calidad percibida. “En vez de que la respuesta fácil
sea subir precios, ver cómo podemos hacerle para que no suban tanto y hacer algún
ajuste en los platillos”, explica. La estrategia apunta a preservar la competitividad en
un mercado donde el consumidor también enfrenta presiones inflacionarias.
Dentro de estas alternativas, el consumo local surge como una herramienta
importante. Azcárraga Salazar plantea que sustituir insumos provenientes de otras
ciudades por productos regionales puede contribuir a reducir costos logísticos y
fortalecer las economías locales. “Si comprabas algún insumo como pescado o
vegetales en otra ciudad, a lo mejor buscarlo aquí”, ejemplifica. Este giro, además
de económico, tiene implicaciones en términos de sostenibilidad y trazabilidad de los
alimentos.
En paralelo, el empresario observa con optimismo los esfuerzos institucionales
orientados a revitalizar espacios comerciales estratégicos. En particular, detalla las
iniciativas para detonar la actividad en el área del Canal de la Cortadura, un
proyecto urbano que ha transitado por diversas administraciones sin consolidar
plenamente su potencial económico.
“Me parece muy bien; tenemos que trabajar juntos sociedad y gobierno para
impulsar estas zonas”, afirma. A su juicio, la continuidad del proyecto a lo largo de
distintos trienios es un elemento positivo, aunque advierte que la infraestructura por
sí sola no garantiza el éxito. “No podemos tener todo hecho ahí que se vaya
descomponiendo; tenemos que incentivar a quienes quieran instalarse”, añade.
El modelo, según describe, requiere atraer negocios “ancla” que generen flujo de
visitantes y detonen un efecto multiplicador en la zona. La oferta de incentivos por
parte de las autoridades, dirigida a empresarios interesados en establecerse en el
área, es vista como un paso en la dirección correcta. Aunque la cámara empresarial
que representa no ha recibido propuestas directas, confirma que algunos afiliados sí
han sido contactados y muestran disposición a participar.
“Se torna interesante cuando viene un ancla, porque va a traer gente”, explica,
aludiendo a la lógica de concentración comercial que puede revitalizar espacios
urbanos subutilizados. En este sentido, la colaboración entre sector público y
privado aparece como un elemento indispensable para consolidar proyectos de
regeneración económica.
El diagnóstico de Azcárraga Salazar revela una industria en transición, obligada a
replantear sus prácticas ante un entorno inflacionario persistente. Sin embargo,
también perfila una ruta de acción basada en la innovación, el arraigo local y la
coordinación institucional.