EN CONCRETO
Por: Blanca Leticia Guerra
Como bien se sabe, en nuestro país todo el año de todos los años es temporada
política; la gran mayoría trabaja por el puesto, incluso si de momento ya ostentan uno…
o mejor dicho, si ya ostentan uno, desde ahí mueven sus piezas buscando
acomodarlas para el mayor beneficio propio.
Este fin de semana trascendió la noticia de que, desde el congreso del estado, la
diputada Cynthia Lizabeth Jaime Castillo presento una iniciativa que pretende reformar
la Ley para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas
en el estado. Hasta ahí todo bien. Suena bien, sin embargo al desglosar los
lineamientos bajo los cuales funcionaría, muchos de los compañeros del gremio
mostraron su descontento.
Y con justa razón, porque esta iniciativa que se plantea como un ejercicio de
“autorregulación”, en la práctica abre la puerta a la institucionalización del
señalamiento. La creación de un supuesto “Colegio de Periodistas” con facultades para
emitir recomendaciones éticas y, más aún, “extrañamientos públicos”, no es un detalle
menor: implica dotar de legitimidad formal a mecanismos que pueden derivar en
exhibición, descalificación y presión directa sobre el ejercicio periodístico.
Bajo esta lógica, el problema no radica únicamente en la figura en sí, sino en los
criterios. ¿Quién define qué es ético? ¿Bajo qué parámetros? ¿Con qué garantías de
imparcialidad? La ambigüedad en este tipo de iniciativas no es inocente; por el
contrario, configura un terreno fértil para la discrecionalidad y, en consecuencia, para la
censura indirecta.
Aunque al día de hoy la diputada ha dado declaraciones en las que se muestra abierta
al diálogo y dicha iniciativa ya fue detenida, ¿qué más les quedaba? Era obvio que ante
la presión del gremio tenían que detenerse a analizar a profundidad esta propuesta.
Por otra parte, sin afán de dar más vuelo a esta iniciativa, sí me gustaría hacer un
comentario en particular; no voy yo a hacer un señalamiento de ética o de lo que debe
ser o no publicado, el apunte es más bien al sentido común.
¿Qué información estamos compartiendo? ¿Quiénes realmente son periodistas?
¿Cuáles son paginas de noticias o con un perfil informativo confiable y cuáles son
páginas de chismes?
Recientemente estuvieron circulando en redes un par de páginas de Facebook en las
que hacían señalamientos hacia una periodista de Reynosa. Voy a omitir su nombre y
el chisme, para no revictimizar por este medio a la compañera, pero ¿qué clase de
personas son quienes difunden esta información?
Parece mentira que en estos tiempos la misoginia sea lo que prime para unos cuantos
que con tal de tener seguidores (y seguramente el pago de algún padrino por ahí) se
atrevan a compartir este tipo de chismes, porque eso son, chismes.
¿Qué no tienen madre? ¿Hermanas? ¿Hijas? Es terrible que cualquiera de nosotras,
por la situación que sea, corramos el riesgo de ser expuestas de esta forma… y ¿por
qué? ¿Por ejercer nuestro oficio? Porque la acusación, aunque se mencionan más
detalles, está dirigida hacia ella específicamente.
En fin, que como le decía al inicio, estamos en temporada política y aquí las formas de
acceder al poder son variadas, pero la más usada, es pasar por encima del que se
ponga enfrente…
Sin embargo he de destacar la unión del gremio de periodistas de esta frontera, que
apenas empezó a correr la nota nos apresuramos a mostrar nuestro respaldo por la
colega.
¿Usted qué piensa?