El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez
Dicen los que saben de la mar, que no hay nada más de cuidado que el agua mansa en plena canícula. Cuando el calor aprieta y el viento se detiene, es porque la naturaleza está cocinando un golpe de timón. Así se percibe el pronóstico del clima político en Tamaulipas, se siente ese silencio denso, casi sólido, que se respira justo en el ojo del huracán.
Y es que el gobernador AMÉRICO VILLARREAL ANAYA, hombre de temple pausado y formas académicas, parece haber llegado a ese límite donde la tolerancia se convierte en factura impagable. Durante este sexenio, el cardiólogo de cabecera en la entidad, ha recetado confianza a diestra y siniestra, pero hay pacientes que, lejos de curarse la ambición, terminaron por infectar el quirófano.
La señal de alerta la dio la salida de LUIS LAURO REYES. No es cualquier baja; es la poda de una rama que se creía injertada al tronco principal como naranja ombligona de los huertos de la región naranjera de la zona centro, esta conexión derivada del afecto y la memoria. Pero la lealtad en política es un animal extraño que se alimenta de resultados, no de banalidades y ambición.
En la percepción ciudadana se paga el costo de la voracidad e ineptitud de algunos que confunden la cercanía con la impunidad. Aquellos que, habiendo salido de la nada, quienes, desde la escoba y el plumero, se marearon en el primer ladrillo de poder.
El mensaje es nítido: el Gobernador no tiene por qué cargar el fardo de las mezquindades ajenas. Se acabó el tiempo de perdonar traiciones disfrazadas de «errores operativos». La sospecha de corrupción, el peculado y ese enriquecimiento que brota como humedad en las paredes de los nuevos ricos de la transformación, han agotado la reserva de paciencia del ejecutivo.
Aquellos «intocables» que hoy despachan con soberbia, adelantados, con la brújula perdida desde el inicio, deberían ajustar velas e intentar corregir el rumbo. Si el Gobernador fue capaz de soltarle a quien arropó cercano, ¿qué esperan para trabajar y dejar de servirse con la cuchara grande?
La ola de calor en Tamaulipas no solo viene de la atmósfera climática; viene desde un lugar donde la ecuanimidad se está transformando en justicia selectiva pero necesaria. El que entendió, entendió. Y el que no, que vaya preparando la entrega-recepción, porque la calma, en este gobierno, parece que empezará a convertirse en tempestad.
LUIS LAURO REYES, fue el alcalde en Güemes con las siglas de Morena, no le dieron la reelección, tras evaluar sus malos resultados y detectar algunos actos irregulares.
Accesó al poder sin preparación, solamente importó el cacicazgo y amiguismo.
Fue terrible como alcalde, por ello no le dieron la reelección, traicionó a Morena, al enviar a su ex esposa por la alcaldía con las siglas de Movimiento Ciudadano.
Los mensajes del domingo, muchos los echaron en saco roto, siguieron con sus actividades particulares, con sus objetivos personal, olvidan que dependen de una administración estatal y sus resultados.
El gobernador AMÉRICO caminó por las calles de ciudad Victoria, tranquilo fue a bolearse.
En cada chiflido del trapo del lustrador de calzado sobre sus botas, seguramente analiza los retos que vienen, son muchos, en calma, cuida su presión arterial, pero marca el ritmo de la política estatal. Es indudable, es el señor del tercer piso quien pone y quien quita.
Los amigos cuando fallan repetidamente fastidian. En su gabinete sobran los rosales, son botones reventados por la inoperancia y pudrición. Las muestras tienen varios botones con los tres pecados capitales de la 4T, roban, mienten y traicionan.
Para enfrentar el 27 y 28, es necesario que las palabras no sean llevadas por el viento, se apliquen medidas disciplinarias para los ambiciosos y aquellos que mordieron la mano que les dio una confianza que nunca se merecieron.
Los zapatos no son los únicos que necesitan de limpieza, hay otros movimientos que ya ni pueden posponerse.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
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