Rutinas y quimeras
Clara García Sáenz
En Viena, durante el verano, las tiendas cierran a las seis de la tarde; admirada
por la hora tan temprana de cierre pregunté por qué; el guía que nos conducía por
la ciudad explicó “es que ha esa hora es ya de noche y el resto del año se cierra a
las cuatro porque el frío y la oscuridad nos desalienta a salir y el sol aquí solo dura
tres o cuatro meses”.
Esta situación está muy alejada de la que vivimos en Tamaulipas, en
Ciudad Victoria, donde el sol es un compañero permanente la mayor parte del año
junto al calor. Una amiga tampiqueña suele decir que en la capital tamaulipeca
solo hay dos estaciones en el año, “invierno e infierno”, para señalar que el clima
extremo es algo muy común en esta ciudad.
Sin embargo, la mayoría de los victorenses tenemos la costumbre muy
arraigada de escandalizarnos más por el frío que por el calor, a tal grado que
deseamos que toda actividad laboral o escolar se suspenda por el frío, no así
cuando hay extremo calor.
Es curioso ver como se convoca al pan, al chocolate, al champurrado y al
caldo de res y si se declara suspensión de actividades, muchos no suelen
quedarse en casa para protegerse del frío, sino se aprovecha para ir a disfrutar la
aguanieve en la sierra, ya sea a Altas Cumbres o a Miquihuana, saturando estos
lugares, poniéndose en riesgo personal y familiar porque hasta a los niños llevan.
Si ciertamente, los días de frío extremo son muy pocos al año, el INEGI
señala que “la temperatura media anual es alrededor de 23.5°C, la temperatura
máxima promedio es de 22°C y se presenta en los meses de junio a agosto, la
temperatura mínima promedio es de 10°C y se presenta en el mes de enero”.
Lo que significa que Ciudad Victoria pudiera parecer un lugar caluroso la
mayor parte del año, pero esto se debe a la gran cantidad de días de sol que
tenemos, no de calor. Por eso somos poco tolerantes al frío y a los días nublados.
Recuerdo a una compañera maestra de origen escocés que cuando los
alumnos universitarios le preguntaban que, si no iba a suspender la clase debido a
que se iba a estar a cinco grados Celsius, ella decía: “claro, cuando estemos a
cinco, pero centímetros de nieve”.
Y es que los victorenses somos gente de trópico, el sol, el calor, el verano y
el agua nos hacen felices, nos pone de buenas, porque nos gusta andar con ropa
ligera, zapato descubierto e ingerir bebidas frías y con mucho hielo.
Incomprensible nos resulta entender hábitos como el de los vieneses, o de
los rusos que viven a -50 grados bajo cero; la mayoría no conocemos la nieve y
los abrigos no son una pieza de vestir cotidiana.
Es usual, que los fríos extremos en Tamaulipas se dan en el mes de enero y
febrero, solo por pocos días, escasos días, por eso, hay que disfrutarlos,
abrigarnos y quejarnos menos de lo que solemos hacerlo. Al rato vuelve a salir el
sol.
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