DE PRIMERA …. LA DAMA DE LA NOTICIA
POR ARABELA GARCIA ……

La destitución del gerente comercial: el inicio de un proceso de saneamiento en la JAD de
Matamoros
La reciente destitución del gerente comercial de la Junta de Aguas y Drenaje (JAD) de Matamoros,
Emerico Anaya, ha marcado un punto de quiebre en la lucha contra la corrupción y el mal manejo
de recursos en la paramunicipal. Durante años, la gerencia comercial se convirtió en un agujero
negro de recursos, donde grandes sumas de dinero provenientes de adeudos no ingresaban a las
arcas de la JAD. En su lugar, estos fondos terminaban siendo desviados a los bolsillos de los
gerentes en turno, con el conocimiento tácito y, en algunos casos, con la protección de altos
funcionarios municipales y hasta de los propios alcaldes y gerentes generales.
El desfalco generado por esta red de complicidades ha tenido efectos devastadores no solo en las
finanzas de la paramunicipal, sino también en la calidad del servicio que se ofrece a los
matamorenses. Los adeudos millonarios de los usuarios, algunos que superaban los 500 mil pesos,
eran “reducidos” a cifras irrisorias mediante arreglos fraudulentos, donde solo se pagaban
pequeñas fracciones de la deuda, mientras que el resto era desviado hacia los bolsillos de quienes
estaban encargados de cobrar. Esta práctica generó un círculo vicioso de impunidad, que alimentó
aún más la crisis financiera de la JAD y la ineficiencia de los servicios.
La destitución de Anaya es un claro indicio de que lo que muchos sospechaban, finalmente ha
quedado expuesto: la corrupción y el mal manejo eran una realidad palpable dentro de la
paramunicipal. El daño causado podría superar los 90 millones de pesos, una cifra alarmante que
evidencia la magnitud del desfalco y las pérdidas para las finanzas del municipio. Sin embargo, este
acto, aunque positivo, no es suficiente por sí solo. La situación sigue siendo grave y las
consecuencias de estos actos deben ir más allá de una simple destitución.
Los morosos, muchos de los cuales se aprovecharon del sistema corrupto para no pagar por el
servicio, siguen operando al margen de la ley, ofreciendo sobornos para evitar auditorías o
castigos. Esto no solo sigue afectando la estabilidad financiera de la JAD, sino que pone en riesgo
el suministro de agua para la población, ya que los recursos que deberían haberse destinado para
mejorar los servicios se siguen perdiendo en manos equivocadas.
Afortunadamente, el presidente municipal, Alberto Granados, ha comenzado a tomar cartas en el
asunto. Desde su campaña, Granados prometió un cambio en la gestión pública, y en los primeros
meses de su gobierno ha demostrado que está dispuesto a poner orden en las instituciones
municipales. La presencia de Bonifacio Monjaraz, comisario de la JAD, quien se encarga de revisar
cómo se manejan los recursos, es una muestra de que las autoridades están decididas a sanear las
finanzas de la paramunicipal y a mejorar la transparencia en el uso de los recursos públicos.
Este proceso de saneamiento no será sencillo. El reto es monumental, pero el compromiso de la
administración municipal es claro. El alcalde ha expresado que la clave del cambio está en
recuperar la confianza de los ciudadanos, mejorar los servicios y, lo más importante, garantizar

que los recursos públicos no sigan siendo un terreno fértil para la corrupción. Los matamorenses
merecen una explicación y, sobre todo, soluciones tangibles que aseguren que lo sucedido no se
repita.
En este contexto, las acciones del alcalde Alberto Granados se alinean con su lema de campaña:
“más territorio, menos escritorio”. No se trata solo de un cambio en la administración, sino de una
verdadera reestructuración que involucra a todo el equipo municipal. Cada peso que no se aplica
de forma correcta en la JAD es un drenaje que no se arregla, es un servicio que no llega con la
calidad que los ciudadanos merecen. Por ello, Granados ha puesto en marcha una serie de
medidas que, aunque desafiantes, son fundamentales para garantizar el buen funcionamiento de
las instituciones municipales.
El inicio del proceso de saneamiento en la JAD es solo el primer paso en una serie de
transformaciones necesarias para garantizar el bienestar de los matamorenses. A medida que
avancen las auditorías, se implementen medidas de control y se castigue a los responsables de
este desfalco, los ciudadanos podrán recuperar la confianza en sus autoridades y tener acceso a
servicios de agua dignos, justos y transparentes. El camino es largo, pero la voluntad de cambiar es
evidente, y Matamoros merece ese cambio.
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