Rutinas y quimeras
Clara García Sáenz

Esta es una semana de fiesta que empieza desde el miércoles y terminará el sábado;
hay ambiente relajado en las oficinas, en las escuelas y en los negocios de la capital
tamaulipeca; siendo una ciudad con vocación educativa y administrativa, el ambiente
festivo está en el aire.
El decorado de la fiesta se ve por todos lados; variado, importado, ecléctico o
tradicional, no importa, el naranja y amarillo son los colores de moda: calaveras
mexicanas, papel picado, catrinas, calabazas de Halloween, todo junto, incluyendo
fantasmas, telarañas y si hay dinero se pone iluminación ambiental.
Las convocatorias para el concurso de catrinas, calaveras literarias y altares de
muertos están listas, algunos ya empezaron desde el lunes con el convivio, las
ofrendas y el Xantolo que, aunque en Ciudad Victoria no tiene arraigo, en algunas
escuelas intentan representarlo.
En fin, pretexto para la fiesta hay, como los antiguos mexicanos, que ocupaban
gran parte de su tiempo a la fiesta y cuenta el historiador nahuatlaca Miguel de León
Portilla, que esta actitud les desesperada a los españoles por los días que se perdían
de trabajo y cuando se convirtieron al cristianismo poco mejoró la situación ya que ese
tiempo lo empleaban en las festividades de los santos patronos.

Aunque en Ciudad Victoria, este ambiente festivo es una tradición que ha ido
construyéndose a través de la implementación de mecanismos educativos que desde
hace 30 años la SEP inició fomentando en los niños de entonces la elaboración de los
altares de muertos, esa iniciativa ha dado frutos porque esos pequeños ahora son
padres de familia y adultos con poder adquisitivo y principales promotores de todo este
festejo.
Poco podemos hablar ya de tradiciones locales, cuando la gente de esta ciudad
se limitaba a ir al panteón limpiar las tumbas y llevar flores a sus muertos el día dos de
noviembre. Desde la visión centralista de entonces, alguien en la SEP se alucinó con
aquello de que en la frontera mexicana el Halloween estaba arrebatando nuestra
identidad mexicana y que por lo tanto teníamos que fomentar la “tradición de Día de
Muertos”. Debo reconocer que el experimento salió tan bien, que ahora pegamos el
Halloween con el Día de Muertos haciendo un puente laboral que dura entre festejos
institucionales y días santos, cuatro días. De seguir así terminaremos sumando (por
qué no) el día de San Judas Tadeo que es el 28 de octubre.
Además dos diputadas del Congreso estatal le han atizado a la fiesta, con un
exhorto a los municipios de Tamaulipas para que realicen actividades en favor del
fomento a nuestra tradiciones mexicanas del Día de Muertos, y aunque el pretexto no
falta, hay que decir que una cosa es todo este jolgorio y otra muy diferente, la
veneración íntima, personal, dolorosa, religiosa, penitente y nostálgica de nuestro seres
queridos; por eso seguiremos visitando sus tumbas, llevándoles flores, recordándolos
en silencio, con música o con llanto, ahí donde la fiesta acaba y la memoria perdura. E-
mail: [email protected]