DESDE ESTA ESQUINA.
MELITON GUEVARA CASTILLO.
Tengo buen rato sin estar en contacto con la literatura académica pero bien que recuerdo
que Humberto Eco critico el contexto masivo de las redes sociales, afirmando que les daban
espacio a legiones de idiotas, haciendo notar que herramientas como Twitter (hoy X) y el
Facebook permiten que la misma opinión de los “necios” tenga la misma relevancia que “la
de un premio Nobel”. Creo que todos hemos sido testigos de cómo las redes sociales se han
convertido en trasportadoras de un cumulo de información.
En la teoría de la democracia nos indican que el ciudadano para votar tiene que estar
informado. Y en la teoría de la información nos indican que esta, siempre debe revestir
ciertas características: ser verídica, ser suficiente y ser pertinente, entre otras; es decir, que
no sea falsa, que no sea una información a medias y que sea útil. Hoy por hoy, no nos
podemos quejar tenemos información más que suficiente, la cuestión es que no toda sirve,
precisamente porque es falsa, es a medias. Es tanta, pero tanta, que no tenemos tiempo de
discriminar.
BENDITAS REDES SOCIALES.
Quien sabe cómo usar la información es el Presidente Manuel López Obrador. Y sobre todo
las redes sociales, por eso, en más de una ocasión sentencio que son “benditas”; y es que, a
través de ellas, es como se ventilan muchos hechos y acciones, sobre todo aquellas que
hacen daño a sus opositores, a los dueños del poder y conservadores. Y es que, quiérase o
no, las redes sociales están convertidas en un instrumento para hacer política y ejercer el
poder. El hijo de Xóchitl, quizá pensó que no había evidencias de un comportamiento no
correcto, incluso creo que ya ni se acordaba.
Se ha dicho que un Twitter (hoy X) era capaz de destruir una imagen construida en años de
trabajo. Efectivamente, en más de una ocasión, también el Presidente se ha molestado con
lo que sucede en las redes sociales, como el hashtag “narcopresidente” cuyo efecto viral fue
intenso. En casos como estos, las redes sociales se convierten en “malditas” y no queda más
que aguantar, tal y como lo hizo el hijo de la candidata y presentar disculpas. Pero de que
son una herramienta para atacar, nadie lo discute.
COMPARTIR MENTIRAS.
La expresión de Umberto Eco fue: “Las redes sociales le dan derecho de hablar a legiones
de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la
comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar
que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas” (diario italiano La Stampa, junio de
2015). Creo que, sin embargo, es preciso hacer una anotación: el ciudadano común, hombre
o mujer, por lo regular comparte mensajes, textos, videos, y muchas veces ni los revisa,
pero lo hace porque cree, si, cree que así apuntala una convicción, sobre todo política.
Hay otros núcleos dentro de las redes sociales: los reporteros y periodistas que, por su
profesión, opinan y comparten información periodística. Y hay otros que, quizá sean o no
periodistas, que crean contenido para las redes sociales y es falso; incluso, se encuentra que
la información proviene de cuentas o perfiles falsos o anónimos, que se escudan en un
apodo o en un nombre no real. Es la información que se difunde, se comparte, para dañar,
para descalificar a unos y otros, sobre todo a los políticos, para desorientar a la opinión
pública. Quienes comparten una información, en más de una ocasión apuntan: circula en
redes sociales.
GRUPOS DE REDES SOCIALES.
Difícil pensar que hay alguien que no use las redes sociales. Quiero hacer notar que, en lo
personal, por mi actividad periodística, soy miembro de un gran número de grupos de
WhatsApp; muchos son creados por periodistas, otros por políticos o sus jefes de prensa, a
ellos debo agregar los que nacen de la integración de familiares, amigos, de las distintas
generaciones de estudiante, no me he dado a la tarea de contarlos. Les confieso que,
diariamente, tengo que hacer una discriminación, puesto que en los mismos se comparte
infinidad de información.
Ahí es donde observamos conductas diversas. Por ejemplo, en los grupos que no tienen
injerencia con el medio periodístico, comparten información que más de las veces no
confirman su autenticidad y, con cierta frecuencia, se da el caso de reclamos e incluso hay
quienes hasta abandonan el grupo o, de plano, eliminan a unos y otros por su tendencia a
compartir información que a otros no les gusta.
En el caso de los grupos creados por periodistas, por políticos o jefes de prensa, hay una
diferenciación: en unos, solo los administradores pueden compartir información, se
entiende es institucional o publicitaria; en los otros, se comparten columnas políticas,
información de redes sociales sobre políticos y servidores públicos, sobre candidatos. Y es
común la anotación: circula en redes sociales o que “es falso” … Por cierto, quien difundió
el video del hijo de Xóchitl ya anuncio que tiene más material, que se lo enviaron de
manera anónima: ¿guerra sucia o fuego amigo?