DESDE ESTA ESQUINA.
Meliton Guevara Castillo.
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En mi niñez, allá en Campoamor, disfrute los productos del campo. Todos los días, por
decir, almorzaba con tortillas recién hechas, del comal a la mano; el almuerzo era frijoles
de la olla, con algún huevo con chile, que se complementaba con una taza de jocoque. En
ocasiones, allá en El tanque, la parcela, prendíamos la lumbre y asábamos elotes; ni se diga
la comida, más frijoles, arroz, elote con calabacita, sin faltar los nopalitos; por la tarde, la
taza de café con hojarascas. Todo sabroso, muy rico, sin embargo, hoy muchas cosas han
cambiado.
Hace poco fui a Campoamor. Disfrute la comida de rancho, el asado, el picadillo, el arroz y
la calabacita con elotes. Me entere, ya después, que ahora las tortillas las compran; porque
no hay maíz, ni para darle a las gallinas. Nadie siempre maíz y, como no hay agua, es difícil
tener hortalizas, es decir, calabacitas y otras verduras. El tiempo y las políticas públicas,
como la naturaleza, han cambiado al campo, a sus personas, a sus familias… Por eso, es
gratificante, que se organice un Tianguis Rural.
DE CAMPO A LA MESA.
Para este sábado, ahí en la Plaza del 8, está programado un Tianguis Rural: el gobierno
municipal que encabeza Eduardo Gattas y la Secretaria de Desarrollo Rural, cuyo titular es
Dámaso Anaya, se apuntan como los organizadores. Estoy convencido de la bondad de este
tipo de eventos y es una acción muy positiva del gobierno su organización; es la
oportunidad para que, unos y otros, resulten beneficiados: por un lado, los productores
rurales y, desde luego, las familias victorenses y de la región.
Como bien se dice, del campo a la mesa. Sera la oportunidad para que los productos del
campo estén a nuestro alcance, sin intermediarios; lo que significa, de entrada, que pueden
ser más baratos al eliminar a los intermediarios; pero, además y eso es muy importante,
serán frescos. En mi caso, ya tengo en mi agenda estar presente… espero no tener una
decepción y es que, a veces, resulta que en eso de los precios está más barato en la frutería
del barrio o hasta en la tienda del súper.
100 PRODUCTOS.
La expectativa es grande. Se anuncia la participación de más de 40 micro y pequeñas
empresas rurales, que estarán comercializando y dando a conocer más de 100 productos del
campo. Sera el sábado 2, a partir de las 8 de la mañana en la plaza del 8, y den por sentado
que ahí anduviera el Presidente Municipal. Se anuncia que habrá miel, hortalizas, lácteos
(quesos, jocoque y otras variedades de lácteos) y creo que no pueden faltar las diversas
salsas y productos diversos.
Uno se sorprende de la diversidad de los productos del campo. Creo que no miento si digo
que, cuando viajamos, por decir a Monterrey o a Tampico o a Mante, siempre encontramos
puntos de venta: desde plantas, muebles de madera (sillas, tablas para cortar, molcajetes de
madera, entre otros) pan de elote, así como chile piquín. Por cierto, me sorprenden en el
Tomaseño: en todas las épocas del año venden frijol nuevo. Por el rumbo de Llera, hasta
calabaza cocida es posible encontrar, y la miel nunca falta.
COMERCIO JUSTO.
Mi hija en sus estudios universitarios llevo una materia que se llama “Comercio Justo” y un
día me lo explico. Significa que, al comprar un producto, digamos a un vendedor no
establecido, de esos que andan en la calle, no debemos regatear el precio. Y me parece justo
y correcto, pero hay gente que les gusta regatear y se dan por satisfechos, felices, cuando
logran que el vender le haga una rebaja. La cuestión es que no sabemos las condiciones en
que se hizo o elaboro el producto.
Hace tiempo, no recuerdo los años, en Tula viví una experiencia de esa naturaleza. Andaba
con un grupo de amigos fotógrafos, haciendo click con la cámara en el mercado, y me todo
escuchar el regateo de un cliente. En la banqueta un señor, de edad avanzada, vendía
molcajetes, una señora pregunto el precio: 100 pesos, se le hizo caro y pregunto: ¿Cuánto
es lo menos? Y la respuesta fue: si anda por aquí, y si para las 2 de la tarde aun no lo vendo,
se lo dejo en 80 pesos.
No me quede con la duda y le pregunte: ¿Por qué a las 2 ese precio? Y su respuesta me dejo
mudo, sorprendido: mire señor, tardo un día en hacer cada molcajete y los domingos vengo
a venderlos. Si no vendo nada, no voy a llevar nada a la casa… así que, para esa hora, pues
prefiero venderlo a un precio más bajo.
CANASTITAS DE OAXACA.
En uno de los cuentos de Bruno Traven se cuenta la historia de un gringo que en una de las
calles de Oaxaca compro unas canastitas. Las llevo a Nueva York y a medio mundo les
fascinaron, quedaron maravillados por su calidad y belleza. Pensó en hacer negocio; en su
siguiente viaje pregunto: en cuanto me hace, por decir, 100 canastitas. El señor se puso a
hacer cuentas y le dio el precio… ¿Por qué tan caras, si las otras me las dio más baratas? Y
la respuesta fue contundente: estas y las que vendí, las hago en mi tiempo libre, por eso las
doy baratas… para hacer las que usted quiere tendré que dedicarme días y días a hacerlas,
dejar mi otro trabajo.