ORBE
Ma. Teresa Medina Marroquín.-
Iniciando el presente mes de agosto trascendió que el gobernador Américo
Villarreal Anaya comenzaría una evaluación de su gabinete, a diez meses
de haber tomado las riendas de la entidad.
Al margen de que es impresionante cómo el tiempo transcurre inclemente y
de que su administración heredó un gobierno en circunstancias
verdaderamente críticas, una historia angustiante que ya todo mundo
conoce en Tamaulipas, sobresale la importancia que el mandatario enfoca a
la evaluación de sus funcionarios de primer nivel.
Podría decirse que algunos de estos colaboradores han agotado su
permanencia en el aparato de poder, porque la recomendación con la que
llegaron no tuvo mayores alcances.
Y digo que “podría decirse” porque en política no es de extrañarse que tales
cosas sucedan.
Sin embargo, aquí no se afirma que ese tipo de “recomendaciones” hayan
ocurrido, por lo que de suscitarse cambios en el gabinete se darían por los
grises resultados no coincidentes con los estándares previstos de calidad y
desempeño de los secretarios, lo que sería acompañado posteriormente por
la salida de subsecretarios y directores generales.
Esa sacudida al árbol del Gobierno estatal que algunos juzgan de
inminente, es un movimiento normal que lucha frente a la adversidad, repito,
de haber heredado un gobierno panista rebasado por la corrupción y la
soberbia, cuya caída libre, provocada por la enfermedad mental de
enriquecerse a costillas del presupuesto propiedad de las y los
tamaulipecos, anuncia que la base construida en diez meses está ahora tan
sólida que es capaz de soportar el despegue de las grandes decisiones que
Américo Villarreal tiene que tomar en breve.
AVES DE PASO Y TESTIGOS PROTEGIDOS
Una de ellas es el tema de la justicia cada vez más postergada desde la
Fiscalía General de Justicia y el Poder Judicial a cargo de Irving Barrios
Mojica y David Cerda Zúñiga, respectivamente.
Igual que ocurre en la Auditoría Superior del Estado donde Jorge Espino
Ascanio está determinado a atajar (a la brava) toda fiscalización, porque
sabe perfectamente que esta se convertirá en un abanico impresionante de
carpetas penales de investigación.
¿No les causará temor a estos funcionarios, que tarde o temprano sus
complicidades e irracionales decisiones de proteger a un pasado que cruzó
a la historia en la forma más vergonzosa, los lleven a la cárcel?
Y el tema no es cómo se verían tras las rejas Irving Barrios Mojica o Jorge
Espino Ascanio, pues no son personajes que usted diga sean dignos de
llamar la atención mediática por buen tiempo.
El tema es la cantidad (oiga usted) de ciudadanos e instituciones que
naufragaron en las turbulentas y pestilentes aguas de la “justicia” que según
esto se “imparte” en Tamaulipas, al extremo de que muchas de las
decisiones asumidas por estos presuntos impulsores de la justicia y de las
auditorías, se atreven a desafiar al mismísimo Gobernador del Estado.
Y claro que estos individuos impuestos por el pasado panista no ignoran
que sus funciones son la de desarrollar una admirable interdependencia que
impida la corrupción, el saqueo y la impunidad.
Saben perfectamente bien, además, que las oportunidades de tipo electoral
que se vienen en 2024 serán para la oposición, de la que son miembros,
casi nulas, aunque griten lo contrario.
¿En qué demonios fincan sus esperanzas de continuar atajando la realidad
de la enorme corrupción encontrada por el gobierno de Américo Villarreal?
¿En mensajes de negociación que los hagan testigos protegidos?
Se dice que lo único cierto es que poco a poco están siendo rodeados por la
presión gubernamental y el clamor ciudadano que observa cómo la
transparencia y rendición de cuentas van que van, nadie las detendrá, y el
odio de los damnificados por la injusticia de pronto les caerá encima.
Allá estos sujetos y sus desfiguros que dan la impresión de “ignorar” el
nuevo orden basado en el cambio democrático que enarbola los grandes
propósitos nacionales, entre ellos el reclamo social y el hartazgo de tener en
el poder a gente que de pronto se sintieron dueños del poder y de los
recursos del pueblo, pues fue (y es) tanta su intoxicación que olvidaron que
eran simples aves de paso.
¡Feliz fin de semana!
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