DESDE ESTA ESQUINA.
MELITON GUEVARA CASTILLO.

Todos los días, amigas y amigos, tomamos decisiones. Lo hacemos desde que nos
levantamos hasta que nos acostamos; unas son parte de una rutina, pero otras, tienen un
significado esencial para el tipo de vida que llevamos o queremos tener. Las decisiones son
adquieren, así, un valor tremendo porque el resultado de las mismas puede ser positivas o
negativas. Se dice y, con mucha razón, que el único que no se equivoca, es aquel que no
hace nada o que, como dicen en el rancho, nada de muertito.
Las decisiones pueden ser personales, como el tipo de ropa que usamos al ir a trabajar o a
una fiesta; laborales, si acudimos a tiempo o, de plano, nos vale; familiares cuando
decidimos brindar apoyo o no a alguien de la familia; pueden ser económicas, si decidimos
invertir o guardar el dinero; políticas al apoyar a uno u otro candidato o, tan simple, no
hacerlo. La variedad de las decisiones se toma, en la mayor parte de las veces, en contextos
diferentes, unos llenos de presión y en otros en ambientes favorables.
PENSAMIENTO POSITIVO.
Nuestra mente esta entrenada para tomar decisiones en segundos. El problema es, o son, las
circunstancias de cómo se toman. El caso típico es un accidente automovilístico: en el
momento puede, se puede estar molesto, gritar o estar desesperado y hasta gritar o llorar, la
cuestión es que se tienen que tomar decisiones rápido: salir del carro, ayudar a salir a
alguien, llamar a protección civil. Regañar o gritar al otro conductor porque invadió carril o
no hizo el alto correspondiente. ¿Qué hacer, pues, en esas circunstancias?
Y la cuestión es que, de pronto, hay bloqueos mentales. Recuerdo el caso de un amigo,
falleció su mama y me entere ya por la noche, porque un amigo en común me llamo. Fui al
funeral y, recuerdo, que al término le cuestiono: ¿Por qué no me avisaste? Casi no llego a
tiempo; y, casi llorando me dice: es que no supe ni que hacer, estaba medio atontado. No
lograba asimilar que mama había fallecido.
El caso es que, recomiendan los expertos en comunicación, que debemos siempre mantener
la calma y actuar conforme a un pensamiento positivo: pensar bien. En el caso del
accidente, que no hubo algo que lamentar; en el caso del fallecimiento, no cuestionar, y si
dar muestras de solidaridad, de cooperación y ayuda. Claro, siempre nos dicen que cada
cabeza es un mundo y es imposible que todos pensemos y actuemos igual.
AGRESIVIDAD O MECHA CORTA.
Hay comportamientos difíciles de predecir. Y cuando los observamos decimos ¿Qué
agresivo, es de mecha corta? Y el detalle es que las decisiones tienen consecuencias y a
veces son tan trágicas, que al paso del tiempo se puede reconocer el error. Me viene a la
mente el caso del matrimonio, padres de un pequeño, que agreden a una maestra: el motivo
fue que el niño presentaba signos de un moretón, de que había sufrido un castigo o
reprimenda física.

Las imágenes no dejan lugar a dudas de la agresión a la maestra, ni de la actitud tanto de la
madre como del padre. Quiero pensar que lo hicieron por estar convencidos de que el niño
había sido objeto de maltrato. La cuestión es la decisión que tomaron, la secuencia de los
hechos es incuestionable: 1) Van a la escuela y agreden a la maestra; se conocen las
imágenes, se hacen virales; 2) Acuden, los padres, a la fiscalía a poner una denuncia en
contra de la maestra y ahí son detenidos.
La secuencia de los hechos es lamentable, para los padres, como para el niño y el resto de la
familia. Ellos son detenidos, sometidos a juicio, vinculados a diversos procesos, el primero
porque intentaron sobornar a quienes los detenían; el niño, hagan de cuenta, lejos de sus
padres, en instancias gubernamentales hasta por 10 días, hasta que el DIF otorgo a sus
abuelos la custodia.
DECISION EQUIVOCADA.
Los padres están en todo derecho de proteger a su hijo. Sin embargo, la decisión no fue la
correcta. Debieron usar las instancias correctas, sea la escuela con las autoridades o poner
la denuncia ante la autoridad correspondiente. Hagan de cuenta que decidieron hacer
justicia por propia mano cayendo en un hecho que puede ser tipificado como delito. Ahora,
el calvario de un juicio y la potencial sentencia que les puede fincar el juez… en tanto, el
niño, no está con ellos consecuencia de la decisión equivocada.
Recuerdo que, en mis años de juventud, cuando leía las Selecciones, encontré un consejo:
Antes de tomar una decisión, piensa un minuto. Y la verdad, es que a veces ni lo pensamos,
nos aventamos como el borras al ahí se va.