DESDE ESTA ESQUINA.
MELITON GUEVARA CASTILLO.


La lucha por el poder es constante, digamos permanente, sin embargo, en los procesos
político-electorales, es posible observar algunos periodos o etapas; en la práctica hay dos
etapas grandes: la lucha por el poder (precampaña, campaña y elecciones) y el ejercicio del
poder (gobernar y crear condiciones para gobernar más allá del sexenio). Ahora vivimos,
adelantada la lucha por el poder, para alcanzar el poder presidencial: es la etapa en que
conocemos, digamos, más y más información personal de los protagonistas.
Hace varios meses apareció el libro de Marcelo Ebrard “El camino de México”. Al
respecto, dice Ebrard: “Escribí este libro para contar en primera persona quien es Marcelo
Ebrard, el hombre, el político y el funcionario público que lleva 40 años de trayectoria”.
Acaba de publicarse “Una oportunidad real” de Ricardo Monreal y en el prólogo apunta:
“Es una historia que nos recuerda que aun cuando los desacuerdos pueden parecer
insalvables o “los otros” unos parezcan incomprensibles, casi siempre hay puntos de
conciliación para que podamos avanzar en mayor comunión”.
QUE SABEMOS DEL POLÍTICO.
En la psicología social hay un esquema que nos permite hacer análisis y autoanálisis de las
personas. Me refiero a la “Ventana de Jaharí”. Son cuatro ventanas agrupadas de dos en
dos: área publica, área ciega, área oculta y área desconocida; que son agrupadas de 4
formas: 1) Lo que conoces de mi (publica y oculta); 2) lo que desconoces de mi (ciega y
desconocida); 3) Lo que conocen de ti (publica y ciega); 4) Lo que no conocen de ti (oculta
y desconocida).
Se explica de la siguiente manera: área publica (lo que yo y los demás conocen de mi); área
ciega (lo que los demás conocen de mí y yo desconozco); oculta (lo conozco de mí y no
cuento a los demás) y, el área desconocida (lo que yo ni los demás conocemos de mi), Es
importante esta herramienta, porque el político por lo regular oculta sus propósitos y, por
otra parte, el desconoce qué es lo que la gente sabe o piensa de él. Así, en esta coyuntura,
vale recuperar el papel de las biografías de los políticos.
QUIEN ESCRIBE LAS BIOGRAFIAS.
Hay autobiografías y biografías. Entre las primeras, las que escribe el protagonista
principal, vale consignar que tan honesto y objetivo es en la narración de los hechos. Por
ejemplo, si leen la biografía de Gastón N. Santos, el cacique, se encuentran narraciones de
como ejerció el poder, sin importar a quien lastimaba o atropellaba; las de Praxedis Balboa,
nos describe una época y una forma de hacer política.
En el caso de las biografías la cuestión es quien la escribe y su posición en relación,
motivos y razones. El Rey del Cash, si bien no es una biografía, si es una relación de
hechos vinculados directamente con el Presidente AMLO. Y, desde un principio, se nota la
intención de hacer un daño, disfrazado de una denuncia de hechos de los cuales fue testigo.

Sin embargo, su relación con Cesar Yáñez –que la convierte en testigo-, también la presenta
con el sesgo de una venganza.
Así, luego entonces, al revisar las autobiografías de Marcelo Ebrard y de Ricardo Monreal
hay que tomar en cuenta propósitos y razones: ambos quieren ser el próximo Presidente de
México; de ahí, entonces, presentan los hechos que los hacen aparecer como los mejores
para llevar a cabo lo que proponen: dibujan el perfil de quien, por sus condiciones y
características, puede ser el mejor candidato y luego Presidente.
QUE OCULTAN.
En ventana de Johari hay dos elementos: lo que la gente sabe, vamos pues, de los políticos,
lo que piensan de él, y el desconoce; y otro, significativo y relevante, lo que cada uno sabe
de ellos y que de manera consciente ocultan a los demás. Estos elementos son básicos,
vitales, para lo que sucede. Veamos, por decir, el caso de Ricardo Monreal: su imagen es de
un político pragmático, negociador, que ha sido exitoso en su carrera política… sin
embargo, en las encuestas no despunta… ¿será porque la gente bien que lo conoce?
Lo que se oculta y la percepción pueden dar una visión más completa. Tenemos el caso de
AMLO. Como líder opositor y como candidato siempre que pudo fustigo al ejercito; ya en
el poder, les ha dado todo, como para amarrarles las manos o hacerlos cómplices del poder.
Y por otra parte, él se presenta como un gran “demócrata” y la percepción es que está
construyendo las condiciones para que su movimiento, la 4T, se convierta hagan de cuenta
en el emulo del otrora poderoso PRI: partido dominante… como candidato y líder se quejó
de como el Presidente intervenía en política: cállate chachalaca, le dijo a Vicente Fox y
ahora, como Presidente, todos los días desde la mañanera hace política e interviene en los
procesos electorales, fustiga a la oposición.