ORBE

Ma. Teresa Medina Marroquín.-

Aunque no parezca realmente un elemento fundamental en la democracia, a propósito del 2024 que ya llegó, la puja política interna que el país observa en Morena coaligado con PVEM y PT, así como la alianza PAN, PRI y PRD, no debe de ser un horizonte de enfrentamientos y escándalos.

La idea vino a mi mente el pasado viernes, leyendo en un portal informativo de Ciudad Victoria, que el diputado Armando Zertuche Zuani, acusaba que Adán Augusto López y Claudia Sheinbaum se promocionaban con recursos públicos.

Zertuche, que aparentemente es enlace de Marcelo Ebrard en Tamaulipas, señala la nota, “acusó a las dos ‘corcholatas’ de incumplir acuerdos para competir en la elección interna de Morena”, interpretándose esto como el probable principio de una fragmentación, cuya conflictividad habría de presentar graves resonancias que abonarían en automático mayor terreno electoral para quien resulte electo(a) candidato de la oposición a la Presidencia de la República.

Un escenario opositor donde José Ángel Gurría, Xóchitl Gálvez, Santiago Creel, Beatriz Paredes Rangel y un número considerable de aspirantes —menos las que ya se bajaron de la competencia por “dilemas éticos”, Lilly Téllez y Claudia Ruiz Massieu, ignoro si más— continúan careciendo de fuerza política y capacidad de convocatoria nacional.

Pero eso, es otro tema. Sin embargo, aquí en Tamaulipas, como en todas las entidades del país, ninguna batalla política-electoral tendría sabor sin esa dosis de enardecimiento popular, el dime y te diré y en general el debate que se da sazonado cuando uno de los aspirantes se sabe que le costará mucho trabajo alcanzar a su adversario o de plano ni para que le haga el intento.

Eso suele suceder, y de todas formas siguen en su lucha, no se repliegan, quizá no les conviene, y porque si hablan de moral también es del dominio público que Marcelo tiene fuentes de financiamiento que hasta el momento no ha justificado, pero que se sospecha las cubre con un discurso de “honradez”, casi asemejándose a ser la “oposición interna” en Morena.

QUE DIALOGUEN Y NO APENDEJEN A LA GENTE

¿De momento que les resta a los aspirantes (de uno y otro bando) cuando apenas se encuentran en la etapa de ganar las internas?

Supongo que acercarse a sus respectivas bases, a sus grupos y a sus organizaciones, actualmente estas últimas tan vapuleadas por algunas radicalidades que se las llevaron de corbata, pero que dejaron intactos, a salvo y felices a los corruptos que desde hace tiempo debieron haber sido confinados en prisión.

A México y a Tamaulipas les viene bien ese condimento preelectoral, aunque les caería mucho mejor que todas y todos los aspirantes tuvieran la capacidad no de expresar discursos (malhechos, por cierto, la mayoría), sino de –literalmente hablando—sentarse a conversar, como en familia, con los diferentes sectores sociales y políticos.

Que estos personajes se presenten como de costumbre de toda la vida a dar de gritos en la plaza pública, con avanzadas de poder, prometiendo lo que ni se les ha pedido o lo que no van a cumplir, ya resulta toda una falta de respeto y de oficio político.

Dialogar es lo que el país necesita y lo necesita con urgencia; quizá como una válvula de escape provisional, escuchando los sentimientos del pueblo que ya vomita esos discursos que dan tanta vuelta y que pareciera que la intención es apendejar a la gente.

Escuchar a la gente y hablar menos, es una de las claves con las que “corcholatas” y opositores avanzarían, y no tanto porque Dios nos haya dado dos orejas y una sola boca como señal de que debemos escuchar más que hablar, más bien porque a pesar de que somos una nación de 130 millones de habitantes, toda esa enorme masa humana casi nunca es oída.

¿Reaccionarán las y los aspirantes a la Presidencia de la República a conversar con la sociedad o seguirán de frente con su circo político? La política ha cambiado. Y presentarse ante las multitudes sin manifestar ese cambio fundamental es un acto irracional y absurdo.

Aquí se tiene confianza de que las cosas cambiarán, que la confusión y el caos tienen una previa razón de ser en un país que parece aferrado al atraso.

Se cree que son señales complejas. De un fuerte cambio político.

¡Excelente inicio de semana!                              

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