DESDE ESTA ESQUINA.
MELITON GUEVARA CASTILLO.


La política es polifacética, tiene muchas caras. Sin embargo, quienes la practican, como
quienes la estudian, analizan y reflexionan, siempre establecen que hay solo dos: que los
amigos son de mentiritas y los enemigos de verdad. Basta hacer una revisión de la historia
u observar con detalle, lo que sucede en cada elección y considerara que en cada proceso se
puede hablar, fácilmente, de amores y traiciones.
Basta recordar que los legisladores, tanto senadores como diputados federales, cantan y
pregonan que es un honor estar con López Obrador; es tanto, digamos, el amor que le
tienen que no vacilan en insistir, reiteradamente, que no son morenistas; que son
obradoristas. Y en la última revolcada que recibió Ricardo Monreal no vacilo, ni se sonrojo,
en proclamar que prefiere no ser nada, antes que traicionar a AMLO… hasta se le olvido
que es, que se ha adjudicado, el mote de “constitucionalista”
ABANDONAR EL BARCO.
El amor más puro que he observado en política fue en la etapa poderosa del PRI. Todo se
hacía a nombre de la revolución; quien resultaba nominado, por decir, a la Presidencia de la
Republica o como gobernador, se convirtió en el mejor hombre de la revolución y se le
conocía como el primer priista, sea del país o de la entidad respectiva. Eran poderosos y la
clase política se les rendía; así, unos recibían premios o castigos, según se comportarán. Se
recuerda el exilio de Ramón Duron al DF por su desavenencia con Manuel Cavazos Lerma.
El amor al PRI se fue perdiendo cuando la oposición paso de ser leal a verdadera oposición.
Los neopanistas aparecieron en el norte, el PRI ya no convencía a los empresarios, a los
dueños del capital. El PRI empezó a perder posiciones, hasta que perdió la mayoría en las
cámaras, algunas gubernaturas y las principales capitales del país… hasta que MORENA,
hagan de cuenta, le dio el empujón final y, notorio, evidente, como connotados priistas
abandonaron el barco, para no hundirse.
TRAICION POLÍTICA.
Las elecciones del próximo 4 de julio son relevantes y significativas. Por donde se le
busque vamos a encontrar evidencias del amor al poder, así como la traición política.
Inexplicablemente, de inicio, en la elección de Coahuila el PT y el Verde se apartaron de
MORENA. Ricardo Mejía, que era funcionario cercano a AMLO, no acepto los resultados
de la encuesta y se fue por la libre. Malagradecido, le dijo AMLO, que ni siquiera se
despidió. Se convirtió en candidato a gobernador por el PT; en tanto que Lenin Pérez del
Verde.
La sorpresa, sin embargo, es que al inicio de esta semana la dirigencia nacional del PT
como del Verde anunciaron que abandonan a sus candidatos, que respaldan a MORENA,
con tal de no afectar la alianza en el 2024. Una doble traición, puesto que Ricardo y Lenin
hicieron campaña, le invirtieron, para al final decir que deben apoyar a Guadiana. Extorsión

dijo Mejía, es lo que Mario Delgado le hace al PT y al Verde. Aducen, ambos líderes
partidistas, que no quieren traicionar a AMLO, que es para garantizar la alianza rumbo a la
candidatura presidencial. Tanto Lenin y Mejía reaccionaron airadamente, advirtiendo que
su respectivo nombre está en la boleta y que así seguirán.
RODOLFO Y EGIDIO.
¿Qué va a pasar el domingo 4 en Coahuila? Obvio, se entiende, la gente saldrá a votar y
algunos lo harán por Mejía y por Lenin, que estarán en la boleta. La duda es solo una:
¿pueden, el respectivo partido, cambiar a su candidato? Si, cambiarlo, aunque no se pueda
en la boleta, tal y como sucedió hace dos sexenios en Tamaulipas.
Recordemos que Rodolfo Torre Cantú fue arteramente asesinado, junto con algunos de sus
colaboradores; fue días antes de la elección. Lo que sucedió todos lo sabemos: la ley
electoral permitía, como caso de excepción, cambiar al candidato con todo y que ya estaban
impresas las boletas. Y el candidato triunfador, el gobernador, fue Egidio Torre Cantú.
Si en términos formales el PT y el Verde no cambian a su candidato en Coahuila, Lenin y
Mejía son los candidatos; y entonces, la declaración de los lideres partidista fue solo un
acto de utilería, dicen, para alborotar el ambiente… sin un beneficio, puesto que uno y otro
alegan que siguen siendo candidatos.