DESDE ESTA ESQUINA.
MELITON GUEVARA CASTILLO.


Hace días se festejó el día del Maestro. En las redes sociales se manifestó una euforia
significativa en dos vertientes: la de alumnos que felicitan a su profesor o que lo recuerdan
por sus enseñanzas; la otra, la nostálgica de maestros, que ya jubilados, recuerdan
momentos maravillosos y significativos en sus vidas. Por cierto, hubo dos hechos: El
Presidente AMLO concedió un buen aumento salarial; y, por el otro, la Coordinadora
Magisterial, nuevamente, hizo de las suyas y ahora están negociando con Adán Augusto
López, el Secretario de Gobernación.
En términos generales la imagen del educador, del profesor, siempre va a ser significativa.
Sin embargo, en ese ir y venir, del paso de generaciones, de los cambios de métodos, de
modelos educativos, de las herramientas pedagógicas, creo que también se ha dado una
evolución en la mística del profesor. Contextos y hechos que tienen que ver, en todo caso,
con los modelos educativos y con la vocación o convicción sobre el valor de la tarea que se
realiza.
EL MODELO EDUCATIVO.
Mi generación, que nació a la mitad del siglo pasado, se educó hagan de cuenta con el
modelo de la educación bancaria: el maestro trasmite, deposita, en sus alumnos sus
conocimientos y experiencias. Por ejemplo, en la Universidad me topé con maestros que
me dictaron sus apuntes. Era una educación funcional, positivista. Con Luis Echeverría
Álvarez, acabando de pasar el movimiento estudiantil del 68, pregono una
“transformación” de las estructuras mentales, pero de ahí no paso: las distintas reformas
educativas fueron parches. Por eso, expertos como Gilberto Guevara Niebla proclaman un
“fracaso educativo”.
Imposible pensar que los gobiernos neoliberales, en sus distintas reformas educativas,
hayan buscado un cambio real del modelo educativo. Ahora que AMLO proclama la 4T,
según se ha conocido, se pretende ahora si dar un giro al propósito educativo: que no se vea
como una herramienta de movilidad social. AMLO se tardó mucho en proponer una
reforma educativa y, por la opinión y comentarios, se desprende que busca dar a las nuevas
generaciones una visión impregnada de conceptos ideológicos… se entiende que el alumno
debe ser más analítico y reflexivo.
EL PROFESOR Y EL CONTEXTO.
Inicie mi formación educativa con una profesora rural: llegaba a Campoamor (Padilla) muy
temprano los lunes; ahí vivía y se regresaba a Victoria los viernes por la tarde. Esa fue, sin
duda, el inicio de muchos profesores: salir de la normal y aceptar su compromiso educativo,
en principio, en zonas rurales. Aún es posible conversar con profesores de aquella época;
que se fueron a otras entidades, unos hasta la sierra tarahumara, otros a lugares que los
hicieron asimilar otras culturas y sentir el valor de su compromiso y tarea educativa.

A los profesores de antes, esos que depositaron en mi sus conocimientos, el contexto les
ayudo: eran buenos para castigar y nosotros, nos acostumbramos, a que en la casa había
más castigo. El contexto de hoy es completamente diferente: los maestros viven un
contexto de impulso de los derechos humanos y, otra parte, ya no hay una mística de
entrega total, al menos en el área rural: las quejas son las de siempre, que faltan o que no
van toda la semana.
INSPIRAR AL ESTUDIANTE.
En los 80´s en un curso de investigación una profesora argentina nos hizo notar el papel del
verdadero y auténtico maestro o profesor: hay maestros, nos dijo, que nos describen las
cosas, sus conocimientos, como el maestro dictador; otros, nos explican, hagan de cuenta,
los hechos, su naturaleza, sus causas. Y hay otros, nos enfatizó, que nos inspiran, que nos
transforman e impulsan
En mi caso, siempre he dicho que en la educación primaria impactaron en mi formación:
Graciela Guerra, en 1º, hagan de cuenta me enseñó a caminar en mi formación; Leonor
Conde Pedraza, con su férrea disciplina, nos inculco el compromiso de cumplir y hacerlo
bien; Guadalupe Uriegas Zozaya, su humanismo, su solidaridad y los ánimos a seguir
estudiando.
Nohemí Berrones en la secundaria, con su clase de civismo, sentó las bases para enfilar mi
formación profesional y una visión, tanto del gobierno como de la sociedad, insistió mucho
en la cultura ambientalista. Y Lauro Rendón Valdez, con su clase de español, hagan de
cuenta que despertó mi intuición y estudios que determinaron mi vida profesional: la
academia y el periodismo. Academia y periodismo que se fortalecieron con la inspiración,
formación y apoyo en la preparatoria y en la universidad de Alfonso Narváez López.
TODOS SOMOS MAESTROS.
En la práctica soy un convencido: todos somos maestros, aprendemos de unos y otros. En
mi caso, ya en la vida universitaria y profesional me topé con dos académicos, amigos, que
son iconos en sus áreas de estudios, ejemplos a seguir: José Luis Pariente, hagan de cuenta,
el ejemplo local; y el foráneo o nacional, es Jesús Galindo Cazares: se distinguen, obvio,
por sus conocimientos, además, por su disciplina, organización, tenacidad y entrega a sus
tareas formativas, en la academia y en la investigación.