ORBE

Ma. Teresa Medina Marroquín.-
Para diversos analistas políticos abordar el tema de la violencia en las calles
de esta nación, como en las de Tamaulipas, ahora que así lo acusan en las
redes sociales, es sólo parte de la “moda popular”.
Esto es: no hablo de la vasta cultura nacional (que es otro rollo), donde su
enorme dispersión de ideas, usos y costumbres va más allá de todo análisis
político.
Y no sólo porque en la proporción mayor de las definiciones, casi dogmas,
se sobreentienda que los puntos de vista trascendidos por los expositores
oficiales se den por sentados sin la necesidad de cualquier auge sexenal,
cuyas magnitudes llegan al extremo de que nadie (o muy pocos) se atreven
a debatir sus premisas.
Pero, al caso de la violencia en el norte de Tamaulipas, vista por el
gobernador Américo Villarreal Anaya en términos francos, ante los medios,
se trata sólo de un movimiento que no arrojó daños. Para empezar.
Independiente, lo anterior, de que las fuerzas de reacción de la Guardia
Estatal y del Ejército Mexicano, como también lo expresó Villarreal Anaya,
hayan salido a hacer su tarea de inhibir los embates de los grupos
delincuenciales, lo que no cancela que los alcances de estos sean
básicamente previsibles.
¿Hay entonces riesgos o no para la población?
La primera respuesta es que los trascendidos, o prácticamente opiniones
que de acuerdo a la información obtenida saben de lo que hablan y afirman
—y me refiero a los medios tradicionales y no a las redes sociales que por
muchos momentos se vuelven selvas y pantanos, territorios donde hablar a
como se le pegue la gana a todos es lo habitual—, acusan que todo esto es
producto de un burdo (¿y desesperado?) ataque de violencia política.
¿TIENEN LA FUERZA MORAL DE ENFRENTAR AL RECLAMO SOCIAL?
Varios columnistas acusan –sin cortapisas– a ex poderosos del anterior
gobierno estatal del PAN.

Unos inician por el ex gobernador Francisco García Cabeza de Vaca,
radicado en Estados Unidos, y otros acaban por su ex jefe de prensa, Paco
García Juárez, de ser los autores, que a nombre de la “extrema derecha”
están desestabilizando al norte de la entidad, resueltos (dícese) a que en el
2024 Tamaulipas le dé su voto al candidato del PAN a la Presidencia de la
República, así como contribuir a que el Congreso de la Unión, cámaras alta
y baja, y el propio Congreso del Estado, hoy controlado por Morena a través
de Úrsula Salazar Mojica, presidenta de la Junta de Coordinación Política
(Jucopo), pierdan la mayoría que ahora le favorece al presidente López
Obrador y al gobernador Américo Villarreal Anaya.
Reflexionando lo anterior, se preguntaría, ¿los aspirantes blanquiazules
tendrían elementos de mucha fuerza y persuasión social para convencer a
la gente de Tamaulipas?
¿Es acaso una genuina resistencia de la derecha o simplemente estamos
ante el equivalente de caprichos políticos y obsesiones por el poder, a los
que, por cierto, se les dificulta incorporar a su discurso político el lenguaje y
los reclamos del pueblo?
Continuando con las declaraciones de Américo Villarreal, respecto a que no
hubo situaciones que agraviaran a la sociedad civil, igual destacan las
afirmaciones del secretario general de Gobierno, Héctor Joel Villegas
González, en el sentido de que es más el escándalo en las redes sociales
que en el plano de la realidad.
Básicamente, dijo, “El Calabazo”, de aquellas versiones de que grupos o
cárteles de otros estados habían ingresado a territorio de Tamaulipas, sin
dejar de reconocer este funcionario que las situaciones de inseguridad han
sido reales.
INTERESES DE UNA ÉLITE Y LA NUEVA PERTENENCIA DE NACIÓN
La síntesis final de esta violencia que ayer volvió a manifestarse en
Matamoros y Reynosa, revela que será francamente imposible que los
llamados conservadores logren equilibrar el peso de la 4T, no por perfecta
sino porque ha venido alentando una nueva cultura popular, que no se
reduce solamente a las prioridades evidentes de una élite acusada de haber
saqueado las arcas del Gobierno de Tamaulipas. Indicador todo esto de que
por más brutalidad que se genere, será muy improbable que se derrumbe el
nuevo concepto de pertenencia de nación.
¡Feliz miércoles!
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